Los ancianos en el futuro de Chile

Las
palabras tabú son aquellas que evitamos decir porque resultan demasiado
duras u  ofensivas, como  por ejemplo: viejo.  Por otra parte, una
sociedad acostumbrada  el doble estándar  ha instaurado  los eufemismos.
Los cuales son términos  utilizados para sustituir  palabras que se
consideran   vedadas   o  socialmente  dolorosas u ofensivas. Un claro
ejemplo de ello es s
uplir el vocablo   anciano por el de adulto mayor.

Para
tratar a la senectud  se ha empleado la negación, la  cual es uno de
los mecanismos de defensa más básico que emplea el ser humano. Por ello
ha creado esta nueva expresión (adulto mayor) con el fin de  ocultar o
aplacar la dura realidad que les toca vivir a cuantiosos ancianos.
Situación que  a veces es mejor ocultarla o simplemente no verla, en vez
afrontarla o tratar de solucionarla ¿Cuántos  de ellos  hoy día son
analfabetos digitales, que viven solos y con pensiones de miseria?

 Hasta
no hace mucho tiempo atrás, se hablaba de mejorar las pensiones .Sin
embargo, de un día para otro no se tocó más de este tema .Lo que deja en
evidencia  que los ancianos no son prioridad para nadie en este país.
Tal vez porque  existe  una sobrevaloración de la juventud y la belleza,
tal como ocurrió   en la cultura greco-romana. Incluso en  ese
entonces, la mujer vieja y sola era brutalmente menospreciada.

En
la actualidad  ser joven y bello son verdaderos símbolos asociados al
éxito. Además, estas cualidades o condiciones están   fuertemente
propiciadas por la publicidad. No obstante los roles que se le han
otorgado a los ancianos son de índole  cultural. Por lo mismo han
variado en distintas épocas y en diferentes sociedades.

Hay 
culturas donde los ancianos han sido altamente   valorados  como por
ejemplo: en el oriente, donde los longevos eran cabalmente respetados al
interior  de las familias y se les veía como fuentes de sabiduría. Una
realidad similar se vivía en  la tradición judeo-cristiana.

Quizás
uno de los factores más  importante de la desintegración (en el más
amplio sentido de la palabra)  que está viviendo nuestro país, sea
consecuencia  del papel marginal o
inexistente  que se les ha dado a los ancianos en cuanto a los cargos de poder o en los  lugares donde se toman decisiones.

Por
lo recién señalado es muy importante que en el proceso de
reconstrucción que le tocara vivir a  nuestro país, haya  que reevaluar
el rol de los senescentes. Igualmente se tendrá que  otorgarles el lugar
que corresponde al interior de la sociedad y se  deberá   valorar la
sabiduría y experiencia  como factores de progreso y desarrollo,
mediante las cuales  los ancianos (como nadie) tendrán  muchísimo que
aportar.

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