Las
palabras tabú son aquellas que evitamos decir porque resultan demasiado
duras u ofensivas, como por ejemplo: viejo. Por otra parte, una
sociedad acostumbrada el doble estándar ha instaurado los eufemismos.
Los cuales son términos utilizados para sustituir palabras que se
consideran vedadas o socialmente dolorosas u ofensivas. Un claro
ejemplo de ello es suplir el vocablo anciano por el de adulto mayor.
Para
tratar a la senectud se ha empleado la negación, la cual es uno de
los mecanismos de defensa más básico que emplea el ser humano. Por ello
ha creado esta nueva expresión (adulto mayor) con el fin de ocultar o
aplacar la dura realidad que les toca vivir a cuantiosos ancianos.
Situación que a veces es mejor ocultarla o simplemente no verla, en vez
afrontarla o tratar de solucionarla ¿Cuántos de ellos hoy día son
analfabetos digitales, que viven solos y con pensiones de miseria?
Hasta
no hace mucho tiempo atrás, se hablaba de mejorar las pensiones .Sin
embargo, de un día para otro no se tocó más de este tema .Lo que deja en
evidencia que los ancianos no son prioridad para nadie en este país.
Tal vez porque existe una sobrevaloración de la juventud y la belleza,
tal como ocurrió en la cultura greco-romana. Incluso en ese
entonces, la mujer vieja y sola era brutalmente menospreciada.
En
la actualidad ser joven y bello son verdaderos símbolos asociados al
éxito. Además, estas cualidades o condiciones están fuertemente
propiciadas por la publicidad. No obstante los roles que se le han
otorgado a los ancianos son de índole cultural. Por lo mismo han
variado en distintas épocas y en diferentes sociedades.
Hay
culturas donde los ancianos han sido altamente valorados como por
ejemplo: en el oriente, donde los longevos eran cabalmente respetados al
interior de las familias y se les veía como fuentes de sabiduría. Una
realidad similar se vivía en la tradición judeo-cristiana.
Quizás
uno de los factores más importante de la desintegración (en el más
amplio sentido de la palabra) que está viviendo nuestro país, sea
consecuencia del papel marginal o inexistente que se les ha dado a los ancianos en cuanto a los cargos de poder o en los lugares donde se toman decisiones.
Por
lo recién señalado es muy importante que en el proceso de
reconstrucción que le tocara vivir a nuestro país, haya que reevaluar
el rol de los senescentes. Igualmente se tendrá que otorgarles el lugar
que corresponde al interior de la sociedad y se deberá valorar la
sabiduría y experiencia como factores de progreso y desarrollo,
mediante las cuales los ancianos (como nadie) tendrán muchísimo que
aportar.