Los cambios de octubre

Chile se devuelve rápidamente hacia escenarios de convivencia pre-pandemia, generando una esperanzadora movilidad de las personas que, según algunos, se justifica plenamente después de las serias y fuertes restricciones sanitarias a las que hemos estado sometidos y que han removido inesperadamente el sustrato social, el equilibrio económico y, en general, aquellas nociones de estabilidad a la cual nos habíamos estado acostumbrando. Durante este período, la solidaridad humana se ha extendido y amplificado por todo el país, generando innumerables ejemplos que nos volvieron a demostrar que siempre es posible compartir y que también es posible estar al lado del que padece alguna necesidad por vital que sea. Incluso, algunos sostienen que la humanidad post-pandemia ya no volverá a ser la misma, considerando los cambios observados en la multifacética conducta humana. La nueva y al parecer buena costumbre de afianzar la amistad y la fraternidad a través de grupos telemáticos se ofrece como otro gran ejemplo de positivismo cultural producido por el confinamiento obligado. Pareciera entonces que volvimos a instalar en el colectivo humano, aunque sea en parte, los significados reales que tenían los encuentros solidarios del pasado reciente, la inmanente sensación de la existencia de un bienestar común y la importancia de los sucesos particulares que nos conmueven y nos encantan. Como algo profundamente contradictorio o como una peligrosa señal engañosa, pareciera que la privación momentánea de los modos más simples e íntimos de libertad humana y la aparición súbita de la realidad mortal del humano, hacen aparecer la esencia de la dignidad humana, aquella que aparentemente se va perdiendo cuando está en manos de una supuesta responsabilidad individual. Sin embargo, no es posible olvidar que la resultante del modo de convivir pre-pandemia era, finalmente, la existencia de un ser continuamente angustiado, temeroso de cualquier atadura y a quién sólo la velocidad y el número de contactos parecen ofrecer cierta seguridad.
Con esta incongruencia nos enfrentamos mirando ya el fin del año 2020, con nuestra región en plena incertidumbre sanitaria y sumida en complejas situaciones económicas, inserta en un ámbito nacional e internacional que busca intensamente sujetarse a una nueva normalidad por definir, en una era en donde el cambio se vuelve a posicionar como lo único real. Los movimientos sociales y migratorios transitan por un permanente cambio; hay cambios en lo laboral jubilación incluida, la robotización se impone en las relaciones del trabajo, el modelo de educación se modifica; los principios valóricos y éticos se revisan y emerge una radicalización no exenta de movimientos nacionalistas; la aparición de la inclusión cambió la manera de relacionarse entre los miembros de la sociedad. La crisis climática pone en jaque el modelo de desarrollo.  Una opinión pública superlativa, asociada a movimientos informados y muy desinformados por medios hiper masivos de comunicación, se suma como actor clave en el fondo de los cambios que vemos prácticamente al instante. Aquí surge la importancia de repensar el sentido que tiene la dignidad humana, para lo cual se hace necesario activar una conciencia activa que nos permita definir nuevas relaciones sociales, en un marco de tolerancia y fraternidad, elementos claves para disminuir la brecha de la desigualdad y aumentar los grados de libertad.

Contenido relacionado

Envíanos tu denuncia o información AVISOS ECONÓMICOS