Los cimientos de la polis

Los
antiguos griegos veían una correlación casi simbiótica entre la salud
de los ciudadanos y la salud de la polis. Creían que lo primero podría
afectar seriamente los cimientos de la segunda. Esa relación en la
modernidad nos parecía un tanto extraña, casi ridícula, hasta que llegó
el Covid y puso varias cosas patas arriba. Incluso las supuestas
ortodoxias y certezas de varios. Así, un gobierno de derechas, del cual
una de sus diputadas decía s
emanas
atrás que las personas no deben depender del estado, terminó
repartiendo cajas de alimentos, haciendo publicidad del hecho como si
aquello fuera un gran logro, un ejemplo de políticas públicas exitosas.
En realidad la medida ha mostrado lo contrario, la sutil fragilidad de
nuestra polis que hasta hace poco se promocionaba como un oasis en medio
del desierto latinoamericano y la imperiosa necesidad de construir
cimientos institucionales fuertes, políticos y económicos, sin caer en
la fantasía de los tres chanchitos, que se creían seguros bajo una casa
de paja, y que cuando llegó el lobo soplando un poco, quedaron
desprotegidos y a la intemperie. Por eso la dicotomía entre reactivación
económica y prestaciones sociales es en sí falsa. Falsa porque en una
economía sin crecimiento, estancada, sin inversiones y sin empresas, por
tanto pobre, no puede haber prestaciones sociales. Y si las hay, serán
ineficientes, precarias y a punta de deudas. Ilusoria porque, además,
una economía fuerte requiere cimientos que permitan y favorezcan que un
número importante de personas puedan ir aportando con su energía,
creatividad y esfuerzo al flujo económico que les permite derrotar la
pobreza, generando riqueza para sí mismos, pero que además, permitan
sustentar ciertos niveles de protección para quienes se quedan atrás por
diversos motivos. Las principales economías libres del planeta así lo
comprenden y ello explica su fortaleza institucional en términos
políticos y económicos. Hoy las economías son barcos que están en medio
de una tormenta y solo aquellas cuyas estructuras sean fuertes, para
mantenerse a flote y estables en su conjunto, soportarán los embates de
la pandemia y sus efectos colaterales, evitando naufragios posteriores.
Los antiguos, griegos, egipcios y romanos sabían que cada tanto había
azotes, como pestes y plagas, que ponían a prueba sus instituciones, sus
valores, sus creencias. Sabían que en muchos caso
s
eso podría implicar un desmoronamiento en todo sentido. Pues bien,
actualmente las economías y sociedades a nivel global están teniendo su
propio azote de los dioses. Y como en el cuento de los chanchitos, hay
economías con fachadas de paja y otras con bases de cemento. El Covid ha
mostrado que una economía fuerte y por tanto sustentable en el tiempo
requiere fuertes cimientos, no solo en términos fisc
ales,
sino también productivos y laborales. Ese es quizás el desafío próximo
para Chile. En lo presente se debe evitar que un número importante de
ciudadanos terminen dependiendo del asistencialismo gubernamental, lo
que implica establecer un marco de ayudas para favorec
er
la reactivación económica lo más pronto posible. Hay que ayudar a
aprender a caminar lo más pronto posible. Pero además, debemos tener
como meta futura fortalecer nuestro entorno económico. Conformar
economías fuertes y sostenibles, capaces de soportar azotes como el
Covid, requiere ciertos niveles de resguardo. Desde la promoción de los
seguros privados hasta ciertos mínimos de protección estatal ante la
desgracia.

Contenido relacionado

Envíanos tu denuncia o información AVISOS ECONÓMICOS