“Mi madre, que era analfabeta, me enseñó que un hombre antes de exigir sus derechos, debía cumplir sus deberes”. Esa fue la respuesta que dio el Mahatma Gandhi al ser requerido en su opinión como líder espiritual de la naciente India con respecto a la Declaración Universal de derechos humanos que pretendía emitir la también naciente Organización de las Naciones Unidas, hacia 1948.
Mucho tiempo ha pasado y muchas generaciones y alguien diría “los derechos humanos ya no son lo que solían ser”. Efectivamente y después de despreciar el concepto por muchos años, los seguidores contemporáneos de Carl Marx decidieron hacerse cargo y apoderarse de los conceptos y desvirtuarlos, pese a que su mentor no los aceptaba pues concebía que solo el Estado podía tener derechos y no los individuos. Pensamiento de la época del positivismo también.
Hoy en día, ya son al menos tres generaciones de individuos que han crecido en un mundo plagado de derechos pero sin deberes, es decir, sin concebir siquiera que siempre existe una obligación correlativa que permite al titular de un derecho exigir su cumplimiento, caso contrario se transforma en mera ilusión. Y mientras mas difuso el obligado, más difuso también el derecho. En fin, no pretendo hacer de esta columna una clase de filosofía jurídica, solo graficar como se origina el caos cultural y conceptual que nos ha envuelto y domina como país y nos tiene al borde del precipicio.
Los derechos individuales no se originan en las declaraciones y convenciones sobre derechos humanos, instrumentos todos posteriores a la segunda guerra mundial que se forjaron para llevar los conceptos básicos jurídicos de occidente cristiano a otros lugares del planeta. Tienen su origen en el Derecho Natural, los preceptos comunes a todos los hombres en todo tiempo y lugar ,especialmente desarrollados en el mundo judeo cristiano de mucho antes que se escrituraran como tales, de manera que los instrumentos en que constan solo garantizan lo que emana de la naturaleza humana como potestades necesarias para cumplir el propósito de cada hombre y mujer en esta vida. Por lo mismo, son básicos y no crecientes como pretenden los demagogos es decir, los políticos de una democracia decadente y que se ha corrompido, como diría Polibio. Ellos han inventado el falso concepto y engañado a millones, de que los derechos son crecientes en numero hasta el infinito, que no tienen deberes como contrapartida, y su máxima expresión de engaño hasta ahora es eso de los “derechos sociales”, concepto espureo vacío, que sin embargo tiene hoy a millones pendientes de una nueva Constitución Política que a través del mecanismo de tales derechos sociales, le mejorara la vida a todos y sin menor esfuerzo. Pobres. Ni siquiera son capaces de entender que si un derecho no es individual, ya no es propio, si es “social” pertenece a la administración del Estado, y aunque se diga que el Estado esta obligado a satisfacerlo, ¿quién y como se lo exige si no existen los recursos? Cuando un derecho y una obligación se confunden en lo mismo, desaparecen.
Esta falacia de los derechos humanos y los derechos sociales, plasmados en la nueva constitución a que aspira la izquierda , redactada hace años, será de concretarse, la gran estafa colectiva del siglo XXI, pero será también el corolario de un proceso indiscutible de decadencia nacional al que nos han llevado falsos lideres y seudo elites mediocres. De tanto manipularse la palabra “derecho” se le vacío de contenido y sentido y lo peor, los tres derechos básicos reales de todo hombre, vida, libertad y propiedad, se tornaran ilusorios y vulnerados a diario en el “modelo” que quieren establecer definitivamente en nuestro país los cerebros de esta revolución neomarxista que se sufre en Chile y buena parte del planeta con características similares. Una sociedad sin deberes, sin obligaciones, solo derechos, meras ilusiones, espejismos, que cuando se den cuenta será tarde, porque el descontento siempre se controla con cercenar las libertades y con falsas promesas de un bienestar que jamas llega, como es en todos los regímenes de izquierda del mundo. Debieron escuchar a Gandhi.