La lepra es una enfermedad contagiosa que lleva a la desfiguración de las personas. Estos seres humanos eran declarados agentes infecciosos y por ello eran aislados y abandonados hasta que murieran, para que no tuviesen contactos con el resto. De esta forma se evitaba que esta enfermedad se propagara entre la población. Incluso en Chile existió en Isla de Pascua, el tristemente recordado leprosario.
Los leprosos aparte de ser testigo de su propia destrucción, tenían que sufrir la gravísima discriminación social con todos los daños psicológicos que esto conllevaba .Padeciendo entre otros aspectos: la destrucción de la autoestima, perdida del sentimiento de pertenencia, sentimientos de tristeza, desolación e ira, etc.
Hoy día en nuestro país han surgido unos nuevos leprosos y son aquellos que han sufrido o sufren CORONA VIRUS. Varios de los cuales, gracias a Dios han logrado recuperarse en su salud física .Sin embargo, han quedado con profundas heridas psíquicas, las que por su gravedad probablemente serán imborrables.
El verdadero abandono en que han quedado estas personas, es un claro reflejo acerca de cómo se ha tratado la pandemia. Es decir, se le ha enfocado solo desde una perspectiva biológica o del cuerpo y centrando en las cifras. Siendo esto último tal como se hacía en los campos de concentración, donde a las personas se le dominada por un número y así se le cosificaba y se le despojaba de todas aquellas características propias del ser humano.
Lamentablemente a los seres humanos durante la pandemia no se les ha considerado de forma holística. Es decir, no se han contemplado sus necesidades psíquicas, educacionales, sociales y económicas. Por esta razón, la ayuda económica llego muy a destiempo y a algunas personas ni siquiera les ha llegado. Tampoco se han realizado campañas sicoeducacionales para que las personas puedan cambiar su estilo de vida y sus hábitos higiénicos. Y mucho menos ha existido preocupación por la salud mental de las personas que han padecido coronavirus .Por lo mismo, ninguna institución se ha hecho cargo de proporcionarles atención psicológica, de modo que puedan superar las graves secuelas psíquicas originadas por la aterradora situación vivida.
Aparte del rotundo fracaso del paradigma físico en el manejo de la pandemia, ha quedado en evidencia la falta de capacidad y de empatía de parte de algunas autoridades y un claro ejemplo de ello es el siguiente: Al otro día que se decretó nuevamente cuarentena obligatoria, una autoridad señalaba que esta medida la deberíamos tomar con optimismo, como una disposición precautoria o educativa .Desconociendo en absoluto, el grave daño psíquico que genera el confinamiento.
Por eso cuando nos toque el momento de votar, debemos ser muy cuidadoso respecto a quienes vamos a otorgarle nuestras preferencias. Porque sus aciertos y errores repercuten directamente en la vida de cada uno de nosotros.
Antes de despedirme no puedo dejar de parafrasear nuevamente a Plantón: “Mientras no sean reyes los filósofos (personas competentes) quienes gobiernen, las ciudades no tendrán reposo de sus males.”.