Los pobres picantes

Ningún
magallánico dudó en tender una mano a las personas que están pasando
tiempos muy duros. Nadie nos convocó a ayudar a nuestros coterráneos,
nadie nos financió o nos dijo cómo hacerlo… simplemente lo hicimos. La
solidaridad está en el ADN de nuestra gente. Y es así como muchos
voluntarios anónimos, hemos logrado tocar la puerta de un centenar de
hogares de familias vulnerables. Son madres esmeradas que en forma
individual ya veces solitaria crían a sus hijos, son niños o adultos
mayores viviendo y conviviendo en espacios reducidos, son esos
magallánicos a quienes hemos aportado, no solo canastas de alimentos tan
vitales en los tiempos que corren, sino que además, les hemos prestado
nuestro oído y corazón, para escuchar sus historias personales y
compartirles una palabra de aliento y cariño. Por eso nos dolió la
palabra que usó la concejala Verónica Aguilar, al sindicar el amor de
Magallanes a esa gente sufriendo, como una PICANTERÍA.

Mientras
conducíamos por los barrios de las distintas poblaciones del Sur de
Punta Arenas en dirección del hogar de un matrimonio e hija, todos
adultos y sin empleo para nuestro pesar, escuchábamos una entrevista a
la concejala Verónica Aguilar en radio Presidente Ibáñez. En todo el
trayecto solo escuchamos críticas en contra del Gobierno, sin propuestas
de solución. Pero lo que nos escarchó el corazón, fue que dijera que
las cajas que se estaban entregando “era PICANTE, una PICANTERÍA” de
ayuda. Llegamos a destino y apagamos la radio con el eco en nuestros
corazones de que el esfuerzo de muchos y la alegría de toda la gente que
ayudábamos era una picantería de un grupo de picantes, de personas poco
cultas, indecentes, poco respetuosas, de bajos valores.

Siento
que en ese momento, al escuchar a la Concejala Aguilar, cualquier otra
denostación hacia los magallánicos humildes, a esos coterráneos que
sufren día a día con la

pandemia, me hubiera sido indiferente. Pero tratar de picantería a esos
corazones dolientes de Magallanes, me congeló, me escarchó, me apretó
el corazón.

La
ayuda picante a que se refirió la concejala son cajas de 35 kilos de
alimentos, cajas equivalentes a las que entregamos hace un mes atrás y
similares, gracias a la linda iniciativa de la Junta de Vecinos de la
población Juan Pablo II, con la cual también colaboramos. Las picantes
cajas de víveres son similares a millones de cajas que el gobierno está
distribuyendo, a los cientos de cajas que
el
Obispado de Punta Arenas distribuirá gracias a la campaña “Nadie se
salva solo” que apoyamos, a las cajas que medios de comunicación
regionales se han abocado a reunir, la ayuda picante son las cajas que
han donado las empresas o la de simples familias magallánicas se han
esforzado en contribuir desde un sencillo paquete de arroz por el bien
del prójimo. Hoy, nada sobra y la necesidad es infinita, y se agradece
cada aporte por pequeño que sea. Pero esa solidaridad magallánica, es
para la concejala Aguilar, simplemente picante.

Nos
quedamos con las lágrimas de alivio y agradecimiento las familias a las
cuales hemos logrado apoyar hasta hoy y nonos restaremos de seguir
haciéndolo, a pesar de las ofen
sivas
palabras de la concejala. Lamentamos no poder abrazar a nadie
físicamente, pero sabemos que les hemos hecho sentir que no están solos y
que unidos saldremos adelante. Al final del día, la solidaridad no se
construye en base a críticas sin propuestas, sino del acto personal
basado en la empatía, espíritu colaborativo, altruista y visión
constructiva de la sociedad. Señora concejala Aguilar, los PICANTES como
usted nos/los tildó, también tienen hambre y somos magal
lánicos. 

Contenido relacionado

Envíanos tu denuncia o información AVISOS ECONÓMICOS