Valiente, talentosa, segura.
Era Ángela Jeria, madre de Michelle Bachelet, dos veces Presidenta de Chile. Defensora y promotora de los Derechos Humanos.
Murió en paz. Jamás renunció a sus principios en la defensa de la democracia.
Viuda
del general Alberto Bachelet, de la Fuerza Aérea, quien falleció en la
Cárcel Pública, donde fue torturado por sus propios compañeros.
Trabajó en el gobierno socialista de Salvador Allende.
Ángela también fue torturada con su hija Michelle. Después, exiliada a Australia y posteriormente a Alemania Democrática.
La ex Presidenta viajó desde Europa para asistir a los funerales de su madre.
Las persiguieron y nunca odiaron.
Iván
Cienfuegos, gran periodista, con frecuencia mi jefe con Fernando Díaz
Palma, mi director en “Las Últimas Noticias” durante 27 años.
A
Iván le detectaron cáncer de pulmón y murió poco después. No obstante
nuestra gran amistad, no pude asistir a la misa fúnebre. No hubo quien
me llevara. Lo sentí porque quería mucho a Cienfuegos.
Él
y Nana, su grata esposa, fueron gentiles anfitriones cuando yo viajaba a
Temuco a dar clases a una sede de la Escuela de Periodismo de la
Universidad Diego Portales.
Cienfuegos dirigía el “Diario Austral” de esa ciudad.
Me recibían en su hermoso departamento. Siento nostalgia por esos días y le mando mi solidaridad y afecto a Nana, gran lectora.
Hace pocos días murió Héctor Roca Erazo, notable reportero gráfico.
Antes
yo había escrito una columna porque compartimos reportajes en Francia,
Miami, Paraguay y regiones de Chile. No sé si alcanzó a leerla porque no
tenía internet.
Con cierta persistencia yo llamaba a Chabela y Kelly, hijas de mi tía Italia Capello, hermana de mi amada mamá.
Tardíamente me informé de que falleció a los 94 años.
Partió muy lúcida, a reunirse con Jorge Barra, su esposo.
Con ella se extinguió la generación de la familia Capello Naranjo.
Todos hijos de un genovés que se asentó en nuestro país.
Jorge era conductor de un vehículo de una empresa de estructuras metálicas.
Agustín, dueño de restaurantes y galán ejemplar.
Humberto, quien emigró, sin retornara Santiago.
Virginia, dueña -con Enrique, mi papá- de una librería, juguetería y bazar en Puente Alto.
Marina, quien quedó paralítica y en silla de ruedas, a temprana edad.
La menor, Isabel, falleció poco antes de Italia. Ella era muy regalona de nosotros, en nuestra infancia de hermanos.
Una
de las hijas de Italia era la muy bella Gina, de 73 años, comparada con
la famosa actriz francesa Brigitte Bardot, está con Alzheimer. No sabe
que falleció su mamá.
Son algunos de los que se fueron, con el dolor de mi corazón, en estos duros días de pandemia.