En cualquier época agitada, existen aquellas personas que por su hidalguía, nobleza y entrega pueden ser catalogados como: héroes. Pero en el lado opuesto, están aquellos que, por su incompetencia, ineptitud e irresponsabilidad, se les podría calificar como: responsables y quizás culpables.
Los primeros en mencionar son los héroes; los funcionarios de la salud, Carabineros, Fuerzas Armadas y algunas empresas e instituciones y sus colaboradores.
Primero, los funcionarios de salud, que haciendo honor al juramento hipocrático, han expuesto no solo su propia vida, sino además la de sus familiares más cercanos en el combate de la actual pandemia. No por nada tenemos las tasas de mortalidad, más bajas de Sudamérica (de aquellos países que si testean).
Segundo, Carabineros y las Fuerzas Armadas, que con las pocas herramientas que la ley y un sistema garantista le entregan, han logrado mantener el estado de derecho y cuidar el cumplimiento de las medidas de excepción y sanitarias imperantes, único camino para afrontar esta pandemia, hasta que exista y esté disponible una vacuna efectiva, no antes del segundo semestre de 2021 según los más optimistas
Tercero, empresas de la industria de la Salmonicultura que hicieron importantes aportes, como un Termociclador o el Robot Starlet, este último a un costo de más de 132 millones de pesos, que permitió al CADI, automatizar y aumentar la velocidad de procesamiento de los PCR en mayo, en el primer peak de la enfermedad.
Finalmente, y no menos importantes, los funcionarios municipales, de recolección de basura, transportistas, consultorios y todos aquellos trabajadores públicos y privados, que sí han tenido la valentía de seguir trabajando, para no parar el país y palear en algo la crisis económica.
Por otro lado, tenemos a los grandes responsables de este “segunda ola”, como la han llamado. Tan grave es la crisis, que si Magallanes fuese un país (como muchos populistas regionales pregonan), hoy tendríamos la tasa de incidencia de contagios más alta del mundo comparada.
Los primeros responsables: los magallánicos, especialmente aquellos que no han respetado cuarentenas, distanciamientos, medidas sanitarias y cuanta recomendación ha hecho la autoridad. La “segunda ola” tiene un principal responsable: nosotros mismos.
Los segundos, son las autoridades centrales y algunas regionales, que por ejemplo, no han permitido al intendente (José Fernández) trabajar y formar su equipo y menos aún poder tomar las medidas sanitarias que ha propuesto a tiempo, teniendo siempre la oposición y poca colaboración de las autoridades comunales que gobiernan la región.
Los tercera: la exseremi (Mariela Rojas) que renuncia y abandona el barco cuando se siente ofendida, por el llamado de atención a su fracaso, a pesar de contar con más $ 4.113 millones, al inicio de la pandemia, entregados por el CORE. Cuantiosos recursos extra, con que ninguna otra región contó, pero al ver la exseremi aproximarse, literalmente “la segunda ola”, aborda ahora, la cuna de todos los políticos cesantes regionales: la Universidad de Magallanes. Un excelente ejemplo sin duda, para los futuros profesionales que ella forma en esa casa de estudios, pero de lo que no se debe hacer: huir a los pocos meses, cuando el trabajo se pone difícil y no le gusta el nuevo jefe.
Todos los héroes que menciono (muchos anónimos también), cumplen y ejemplifican el juramento hipocrático, especialmente esa frase que dice “… A cualesquier casa que entre, iré por el beneficio de los enfermos, absteniéndome de todo error voluntario y corrupción, …”.