A
sus 63 años, Manuel Maldonado tiene claro que su actividad tiene
bastantes detractores. Sin embargo, declara que no le complica, que la
caza es lo que ha hecho de por vida, y que cuenta con todos los permisos
necesarios para hacerlo.
En
efecto, su historia está ligada a la caza desde pequeño. Desde que
vivía con su familia en Río Seco, su padre le enseñó toda la técnica de
la caza, y empezó a tomarle el gusto a la actividad. Algo que planea
hacer hasta que se muera.
Sin
embargo, a su repertorio, desde hace un tiempo le ha agregado
diferentes variantes. A la caza, por ejemplo, le agregó la pesca. Todo
esto, debido al permiso que le otorgaron estancieros de Punta Arenas,
que le permitieron, incluso, construir una edificación en sus terrenos,
con tal de poder pescar cuando se inicia la temporada.
–¿Cómo se inició el amor por la caza?
“Nació
cuando chico y vivía en Río Seco. Mi familia vivía allá. Mi papá
cazaba, y con el empecé. Es algo estable, lo hago especialmente en los
inviernos. Desde el 82 que estoy cazando, incluso estuve en Natales
cuando pasó lo de la plaga del conejo. Ahora estoy trabajando con mi
hijo, cazando para una planta nueva en Punta Arenas, en donde nos piden
una cierta cuota. Es algo que pasa en invierno, son tres meses los que
me dedico a esto”.
–¿Y la pesca?
“En
la pesca vamos a pescar a un lugar particular. El propietario me dio
permiso para una casa en el interior, y ahí voy con mi señora y mi hijo.
Estuve en Salfa, en Bahía Azul, en el 2001. Ahí vi que los caballeros
con los que estaba trabajando pescaban con lienza. Con eso me
entusiasmé, me armé una red y empecé. No es para ser rico, pero por lo
menos te salva. Me puedo mantener”.
–¿Es una vida muy ajetreada?
“Nosotros
no paramos en el invierno. Vamos de pesca a cacería. Voy rotando entre
las dos cosas. Cazo guaches y liebres. Tenemos documentos al día,
permisos, así que no he tenido problemas”.
–¿Cómo se las ingenia para sortear las críticas que le llegan?
“Nunca
he recibido críticas, pero bueno, ahora critican por todo, así que me
imagino que sí me criticarán. Nosotros casamos conejos y liebres, es a
lo único que nos dedicamos. Incluso, cuando llegan patos no los cazamos.
Somos respetuosos con la naturaleza”.
–¿Que le gusta de la pesca?
“Nos
gusta, a mí y mi familia. Me acostumbré mucho desde chico. Han habido
momentos en que he dicho que no lo voy a hacer más, porque salir es
sacrificado. Cazamos de noche, con focos y durante el día descansamos. Y
hay que cargarlos también. Es divertido como hobbie. Cualquiera ahora
trata de hacerse como el que caza, pero tienen que saber primero. Hay mucha técnica detrás. Si no sirves, bueno, otra cosa tendrás que hacer”.
-Pero debe ser duro hacer las excursiones para cazar.
“Casi
me enfermé de tanto cazar, aunque mientras pueda, lo voy a hacer. Hay
inviernos que son crudos, y uno tiene que salir cuando las noches son
buenas. En momentos en donde está medio malo he dicho que ya está bueno y
no cazo más. Pero después vuelve la temporada y te pica el bicho. Es
como una adicción. A lo mejor, si lo dejo, caigo en depresión o algo
así. Estoy acostumbrado a hacerlo”.
-A qué más se ha dedicado en su vida?
“Fui
trabajador de la Lanera Austral, fui exonerado político. Fui faenero en
el frigorífico de Tres Puentes. Me he dedicado a hartas cosas. Ahora,
en estos momentos, estoy 100% dedicado a la pesca. Lo único malo es que
anda mucho lobo. Hay que estar cuidando la red a cada rato. Y bueno, a
esos ‘bichitos’ no se les puede hacer nada, porque los cuidan más que a uno”.
@CamiloEncina