Mar Patagónico: refugio para del cambio climático

Hace algunos días se
aprobó por unanimidad en la Comisión de Recursos Naturales y Medio
Ambiente del Senado, una indicación que define y reconoce los refugios
climáticos, en el marco de la Ley de Cambio Climático. Una buena noticia
para nuestros mares patagónicos, que son refugio de diversas especies
amenazadas. Algunos estudios en el mar tropical del Pacífico oriental,
Costa Rica y otros países, demuestran que las especies han comenzado a
migrar buscando aguas más frías y con mayor oxigenación. El mar chileno
tiene estas características, al estar situado en la Corriente de
Humboldt, una de las más ricas del planeta.

Las
consecuencias del cambio climático, tales como el aumento de la
temperatura -que genera la pérdida de oxígeno y acidificación del mar-
afectan a la diversidad y la estabilidad de ecosistemas completos. Sin
embargo, científicos han definido que algunas áreas podrían ser
potencialmente menos afectadas por estos cambios (o éstos ser más
lentos) producto de sus características, como las oceanográficas, siendo
más resilientes al cambio climático, es decir, capaces de mantener sus
funciones y procesos ante los cambios o las presiones.

La
Patagonia chilena es uno de estos lugares resilientes al cambio
climático. Desde Puerto Montt a Cabo de Hornos, este territorio tiene la
capacidad de mantener flujos de materia orgánica, provenientes del
continente, montañas, volcanes y valles, superficie que hoy concentra el
90% de las áreas silvestres protegidas del país. Esta materia orgánica
es acarreada por las aguas dulces de glaciares y copiosas lluvias que
llegan finalmente al mar a través de gigantescos cauces y esteros. Ello,
sumado a las aguas de la corriente Antártica que golpean al continente y
luego suben por toda la costa del país, produciendo procesos de
surgencia, que permiten la vida de miles de especies. En la Patagonia,
las aguas que recorren los fiordos y rodean más de 40 mil islas aún se
mantienen limpias, frías y protegidas de grandes asentamientos humanos y
configuran el perfecto refugio climático.

Para
que la Patagonia chilena continúe como un refugio climático a largo
plazo es necesario avanzar hacia la protección de todos sus ecosistemas,
incluidos los marinos, frágiles a las actividades humanas de gran
impacto, como la salmonicultura. La conservación terrestre de la
Patagonia es y ha sido un ejemplo global de protección, recuperación y
restauración de ecosistemas, sin embargo, no cuenta con un espejo de
conservación de su rica, vulnerable y diversa vida submarina.

Fiordos,
con tantas nuevas especies, descubiertas y por descubrir, endémicas
(que solo viven ahí) o de restringida distribución, siguen sufriendo los
efectos de una creciente y descontrolada actividad de cultivo de
especies exóticas. La recuperación, reparación y revalorización de este
patrimonio puede y, sobre todo, debe ser un objetivo país de los
próximos 10 años, en los cuales nos seguimos jugando el futuro de la
humanidad.

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