Mesías

El Mesías del compositor alemán-británico (nacionalizado),  Georg Friedrich Händel, es un oratorio inglés compuesto en 1741, de un texto bíblico recopilado por Charles Jennens de la Biblia del rey Jacobo y de la Biblia Coverdale que incluye los  instrumentos fundacionales de la Reforma experimentada en Inglaterra, como la versión de los Salmos incluida en el “Libro de Oración Común”. Esta magnífica composición se estrenó en Dublín el 13 de abril de 1742, convirtiéndose un tiempo después en una de las obras corales más conocidas e interpretadas con mayor frecuencia en la música occidental.
Pero más allá de esta miscelánea cultural, “El Mesías” es el salvador de la humanidad, que se identifica con la persona de Jesús de Nazaret, conocido por sus seguidores como Cristo o Jesucristo.
Otra cosa es el “mesianismo”, que cada cierto tiempo asola a la sociedad, que consiste en una tendencia de la cosmovisión o la ideología que se relaciona con una particular interpretación de la historia, donde el cambio de un estado del desarrollo de una sociedad o grupo, será originado por la llegada de un “mesías” o héroe, al que le corresponde el establecimiento de un nuevo orden que dará origen a una sociedad diferente.
En pos de este “mesianismo” se han cometido graves injusticias en el mundo, cabe solo recordar la exaltación Nazi, basada en el poder de la gloria y en el engrandecimiento de la nación y su consigna de movimiento e ideología escogida para salvar las creencias de una raza hipotéticamente superior, o la revolución proletaria, que fundo Estados totalitarios que  en nombre del partido y de propósitos sagrados pasaron sobre las personas, siendo todo decidido por la colectividad de las masas trabajadoras, manejada por jerarcas, con un grado prácticamente ilimitado de discreción.
El “complejo mesiánico”, consiste en la actitud de quienes dejan de lado el consejo de personas prudentes, las lecciones del pasado, la seriedad a la hora de analizar los problemas, para lanzarse precipitadamente en reformas con las que piensa que solucionaran todos los problemas.
Sin lugar a dudas que es bueno querer mejorar la sociedad, pero es peligroso pretender hacerlo sin ideas claras, siendo muy dañino buscar una meta tan noble desde actitudes fanáticas y con discursos o acciones espectaculares y lejanas de los más básicos criterios de la prudencia y justicia.
Permanentemente somos testigos como en algunos de los Poderes del Estado o en organismos autónomos, surgen personajes que se erigen a sí mismos como una suerte de Mesías pontificadores de lo bueno o noble para la sociedad, como si el cargo les otorgara sabiduría y posesión de la verdad.
El “complejo mesiánico”, solo tiene como antídoto, una dosis de realismo y un ponderado estudio sobre los momentos de la historia para ver qué reformas han causado más daños que beneficios, y qué reformas han promovido el bien, la verdad y la armonía en las sociedades.  Solo con un poco de buena voluntad, apertura de mente y de corazón, será posible trabajar serenamente por el bien de un país mejor.
Quizás simplemente, lo que los ciudadanos buscan es que surjan lideres que honestamente interpreten sus anhelos solo con un poco de sentido común y no como salvadores de la sociedad y el mundo.

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