Nadie se salva solo/a

La
solidaridad es un factor de primera necesidad, más que nunca en estos
días, donde hemos debido enfrentar no solo nuevos retos, desafíos y
contención, sino que además se debe lidiar con todas las necesidades
sociales que ya existían, pero que, sin duda, se han agudizado por la
crisis sanitaria que afecta al país. Estas demandas se han incrementado
de manera sustancial, por muchos factores y en diversos ámbitos. La
pérdida de la fuente laboral, es sin duda, uno de los eventos más
angustiantes que debe enfrentar una persona, porque no solo le afecta a
él o ella, sino que en varios aspecto de su vida, como sus relaciones
interpersonales y los espacios sociales cotidianos, de hecho, algunos
expertos en la materia, indican que lo primero que aparece “son
sentimientos de enojo, incompetencia, temor, fracaso, vergüenza hasta
aislamiento y en algunos casos puede desencadenar una depresión de tipo
circunstancial”, ya que la cesantía puede llegar a producir grandes
cambios en lo personal y familiar. A este efecto negativo debemos sumar
un fuerte golpe a la autoestima, quienes hemos vivido la cesantía,
podemos hablar con propiedad lo que implica, cualquiera sea la causal de
ella, “necesidades de la empresa. No te ajustas a los requerimientos de
este nuevo proyecto. Razones políticas, pero evidentemente
disfrazadas”, porque además en Chile, tenemos miedo, terror, pánico
hablar las cosas por su nombre, en todo caso cualquiera sea la causa, lo
coloco como ejemplo, para hablar de algo que a todas luces parece
inaceptable, por parte de “algunos empleadores” que intentan
beneficiarse mediante malas prácticas. Tras la entrada en vigencia de la
Ley de Protección del Empleo, en los últimos días se habla de un dato
estadístico que impacta, más de 56 mil empresas han adoptado esta
medida, lo que inmediatamente me hace ruido por varias razones, qué pasa
con los políticos de nuestro país, que aceptan que las grandes empresas
también se acojan a esta Ley, de verdad se piensa que las grandes
compañías son incapaces de absorber por dos o tres meses el impacto de
esta crisis, ¿Por qué siempre termina pagando, la clase trabajadora? Y
por ende su grupo familiar. Sabemos que ya se han anunciado las
sanciones para aquellos que hayan hecho mal uso de la normativa, pero de
qué le sirve esto a un trabajador/a cuando el daño ya se ha causado, se
habla de un registro público y las penas que van de 3 a 5 años, más la
restitución al Estado de lo percibido indebidamente, pues insisto con la
pregunta y quién le responde al trabajador/a por esta falta de
principios, valores de su empleador/a, me parece justo analizarlo desde
esta mirada y no de forma macro. Si realizamos una mirada retrospectiva
al pasado, veremos como las mejores intenciones terminaron
convirtiéndose en el símil de las desigualdades más profundas y
perversas en tiempos de crisis y hablo desde los principios universales
garantizados para todo ser humano y por ende en nuestro país. Desde esta
lógica es urgente hacer un llamado a revisar algunas “acciones
éticamente cuestionables”, escuchando a la gente desde sus
planteamientos, para replantear y valga la redundancia, en algunas
iniciativas, se debe reflexionar y debatir, en lo que de verdad protege
la dignidad de las personas, dejar de mirar números que, si bien son
importante, jamás pueden estar sobre el bienestar de sus ciudadanos/as.
El mundo político puede y debe perseguir objetivos de mejora social,
para eso fuimos elegidos es el camino, para la convivencia social en
tiempo tan difíciles y complejos como estos; aportemos todos y todas,
para dejar de lado el odioso entramado de la burocracia de las
instituciones públicas y privadas, que tiene hastiada a la gente y que
retrasa cada vez el apoyo que deben recibir. Las personas demandan
eficiencia, accesibilidad y justicia social, esto pasa por la
distribución equitativa de los recursos, se oponen a ser tratados sin
respeto mediante políticas y acciones injustas. Trabajemos en
solidaridad y dignidad de manera empática, sin mascaras de falsa
transparencia, seamos responsables, objetivos, no sigamos relegando las
cosas importantes a la casuística o estandarizando las necesidades, eso
no resulta, aprendamos de nuestra historia en este proceso de cambio, no
seamos adaptativos, apostemos por iniciativas reformadora e
integradora, pero con base en nuestra gente y sin pequeñeces, para que
la ayuda llegue donde se requiere. “La caridad es humillante porque se
ejerce verticalmente y desde arriba: la solidaridad es horizontal e
implica respeto mutuo.” / Eduardo Galeano.

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