La
izquierda, en especial la extrema izquierda, es decir los socialismos
“reales”, el marxismo y sus vertientes contemporáneas, buscan el poder
mediante la “revolución del proletariado” con su arrastre de utopías,
entre ellas la de la supuesta igualdad.
Tradicionalmente, dicha
“revolución” es por la fuerza, con violencia, con asesinatos de quienes
se les oponen y la eliminación de todo intento de oposición. No es este
un discurso del “miedo” que siempre intentan aducir para defender sus
nefastas intenciones, sino que es desnudar una ideología que, en aras de
un supuesto mejoramiento de las condiciones de vida de la “clase
proletaria”, ha implantado a sangre y fuego sus regímenes totalitarios.
Lo lamentable es que, al ser por la vía violenta, generalmente sin
encontrar resistencia significativa, logran imponer sus condiciones y se
instala entonces “el paraíso marxista” o el “paraíso socialista”, es
decir, todos igualmente pobres y dependientes de la casta privilegiada
que asume el control de esa sociedad “conquistada”. Para aquellos seres
supuestamente beneficiados desaparecen los derechos humanos. No les es
permitido creer en Dios, no pueden optar a la propiedad privada, no
tienen acceso a la libertad de prensa, menos a la libertad de educación
de sus hijos; por cierto, deben acceder a la vivienda, alimentación y
trabajo que el Estado omnipresente les “concede” por gracia de la cúpula
directiva, la cual, curiosamente, goza de los privilegios que solo
entregan las sociedades “capitalistas”. Siempre ha sido por la fuerza y
por la violencia de las armas, muertes mediante.
En Chile, nuestra
Patria, en los setenta se intentó una supuesta “vía socialista en
democracia” y se accedió al poder mediante elecciones con el apoyo de un
tercio de los votantes. Pero a poco andar, desde el mismo jerarca
Allende (que aprendió a usar la AK-7 que le regaló “su amigo” Fidel),
pasando por Miguel Enríquez y sus terroristas del MIR, respaldados por
los encendidos discursos y llamados a la desobediencia de sus mandos a
los integrantes de las Fuerzas Armadas que hacía Altamirano con sus
brigadas paramilitares y el aparente silencio cómplice de Corvalán, el
líder de los comunistas, todos, cual más cual menos, ya desde 1971
señalaban que habiendo llegado al poder por la “vía democrática”, el
“proceso” debía ser consolidado por la vía de la fuerza. Y para aquello
se estaban preparando y se prepararon, con el apoyo de Fidel desde Cuba,
de los terroristas de Tupac Amaru del Perú, de Sendero Luminoso de
igual nacionalidad, de los Tupamaros uruguayos y de los Montoneros
argentinos.
Es decir, “la revolución” que no estaba concretada debía
necesariamente ser implantada por la vía violenta dentro del gobierno al
que ilusamente la Democracia Cristiana había ayudado a instalar en La
Moneda. ¿Y por qué no lograron concretar sus siniestros objetivos? No lo
lograron porque existía una sociedad que mayoritariamente creía en
Dios, que amaba a su Patria y los valores aprendidos desde pequeños
empapándose de la historia que los héroes nos habían legado, que creía
en la libertad y creía en la familia como núcleo fundamental de la
Nación.
Por eso se generó el 11 de Septiembre y por eso, con el
liderazgo de grandes políticos y estadistas que nos guiaron, zafamos de
una dictadura marxista. En estos tiempos transcurridos en las últimas
décadas, a sabiendas, los marxistas se han dedicado metódica y
sistemáticamente a destruir toda aquella concepción que ellos saben es
el principal DIQUE a sus intentos totalitarios. Y por eso es que han
avanzado tanto en sus propósitos destructivos, porque además han contado
con el apoyo activo y o pasivo de muchos politiqueros de ambos
sectores, en especial desde octubre de 2019.
Por
eso, el compromiso que debemos asumir HOY DÍA y no mañana, los que
creemos en una sociedad libre, en una sociedad que cuida a la familia,
que ama a su Patria, que respeta el Estado de Derecho, que respeta la
propiedad privada, que valora y respalda el esfuerzo personal y que
desea un Estado
muy activo y apoyador pero no burocrático ni asfixiante del libre
emprendimiento, NOSOTROS, tenemos hoy la obligación de salir de nuestras
comodidades y unirnos en un gran esfuerzo para recuperar nuestra
Patria, para cuidar nuestras familias y para retomar la senda que estaba
haciendo grande a Chile. Y ese camino lo iniciamos haciendo el primer
esfuerzo por constituir el Partido Republicano en Magallanes, porque
llegó la hora de combatir la falacia de la izquierda. No vamos a vivir
en una dictadura marxista y no vamos a vivir una revolución proletaria.
Porque para eso estamos renaciendo, desde nuestros miedos y desde
nuestras comodidades. La Patria nos lo demanda.