Había
decidido que esta columna la escribiría respecto a las 33 semanas que
Punta Arenas habría completado en forma ininterrumpida con cuarentena el
fin de semana si no nos levantaran el castigo, compuesta por las
primeras 2 del Paso 2 en la primera quincena de agosto de 2020, seguidas
de 17 semanas de cuarentena total y luego desde diciembre con
nuevamente Paso 2 durante 13 semanas, hasta este jueves recién pasado.
Así, sumamos 32 semanas en las cuales no podíamos circular en fin de
semana, es decir siete meses continuados y sin parar confinados en
nuestras casas. Casi llegamos a las 33, pero el Ministro sospechó que
venían los reclamos y decidió permitirnos algo de normalidad.
No
fueron 33, pero si fueron 32 las semanas confinados durante fines de
semana, en la cual, quienes cumplimos, debimos soportar el encierro que
realmente pone a prueba significativa una serie de factores del
comportamiento humano y social.
Colgándome
de aquella memorable carta que nuestros mineros de la mina San José
escribieron y que nos emocionó hasta las lágrimas y que viví en primera
persona, deseo hacer un contrapunto. Los mineros nos decían en aquella
oportunidad “estamos bien en el refugio”. Y no debe haber sido para
menos, porque nos estaban diciendo que estaban vivos, que habían
superado una serie de dificultades durante 17 días de encierro y que el
contacto con el exterior les abría la esperanza de salvar de aquella
grave situación.
Sin
embargo, en pandemia, el haber llegado al borde de completar 33 semanas
estando encerrados en nuestras casas los fines de semana, evidentemente
no era para decir que estábamos bien, en este caso, en Punta Arenas. Y
yo lo iba a escribir para esta columna.
Durante
largos meses, desde septiembre, desaparecieron los opinólogos locales y
quedaron, los que creciente y gravemente fueron afectados por tamaña
decisión restrictiva y de encierro, que no producía efecto sanitario
alguno, dado que continuaban existiendo alto número de casos y el
sistema hospitalario se mantenía con alto nivel de “estrés”. Sufrían los
del turismo, los de la gastronomía, los emprendedores, los que
perdieron el trabajo, los que fueron afectados en su salud mental, los
que no pueden resolver sus problemas de salud no Covid, los que no
pueden cumplir con sus procesos formativos que le marcaran la vida
futura y, sufrían los creyentes que necesitaban profesar su fe (no por
nada el padre obispo efectúo una crítica pública).
Evidentemente,
este equipo a cargo de la pandemia ha privilegiado el “buenísimo”
dícese de no pelear como Mañalich y, si analizamos los datos duros,
tanto al nivel nacional como al regional debemos necesariamente concluir
que apostar principalmente a la “A” con apéndice “encierro”, no ha sido
la mejor estrategia del actual equipo.
En
efecto, en la Región, hasta agosto sumamos casi 3.000 casos y menos de
50 fallecidos, esto en cinco meses. Entre septiembre y marzo
(encerrados), superamos los 19.000 casos y lamentamos más de 250
fallecimientos. En los primeros, estuvimos con 7 semanas de cuarentena
(5 de la primera ola y 2 del inicio de la segunda ola) más 2 semanas de
Paso 2. Para la segunda etapa sumamos 15 semanas de cuarentena total y
11 semanas de Paso 2. Algo no calza bien, si más encima, para la segunda
etapa se dispuso de mucho más recursos y habíamos avanzado en crear
know how al respecto, que parece, en la Región lo perdimos.
Al
nivel nacional la cosa se ve peor y nótese que ya se ha avanzado con la
vacunación de 5 millones de compatriotas, hecho muy destacable, pero
que no es una novedad que se podía hacer con nuestro siempre
vilipendiado sistema público de salud.
En
resumen, señor Ministro, señora Subsecretaria, no puede estar bien
encerrar más de medio año a toda una comunidad, si más aún dicen que no
suscriben encierros prolongados ¿Qué pasó en Punta Arenas? ¿Alguien
“poderoso” intervino? ¿TTA mal hecho? Tarea para la casa.
No está bien… 33 semanas de Cuarentena en finde.