Tal
y como era de esperar la autoridad nacional de Salud decretó una nueva
cuarenta para, entre otras comunas, Punta Arenas. Y es que a pesar de
los incesantes llamados a respetar la cuarenta, y también el toque de
queda (no olvidar que estamos en Estado de Excepción) la gente
pareciera, lamentablemente, no estar “ni ahí”.
Porque
si bien podemos empatizar en que la situación de encierro afecta a cada
persona en su individualidad lo cierto es que no es muy complejo buscar
maneras o mecanismos que favorezcan el respeto mínimo, que la
convivencia colectiva del constructo social requiere, entre unos y
otros. Hoy es tiempo de entender que, de la misma manera que somos
buenos para exigir derechos también debemos ser conscientes de nuestros
deberes y responsabilidades. Desde fuera observo como, día a día, mi
querida región de Magallanes forma parte de las regiones donde cada día
los casos nuevos, por contagio de covid-19, destacan a nivel nacional.
Ciertamente no lo observo con orgullo sino más bien con tristeza dado
que es incomprensible que ocurra esto. ¿Por qué los casos de contagio y
propagación no se han logrado controlar, estabilizar o disminuir? ¿Por
qué el llamado a “quedarse en casa” ha sido foco de llevar la contraria a
todo aquello que favorezca el bien común? Porque yo puedo entender que
aquellas personas que trabajan, y viven de la generación de recursos del
día a día, no tengan otra opción que salir de sus hogares. Pero existe
también una inmensa mayoría que puede hacer teletrabajo, saliendo lo
justo y preciso velando por el respeto de la cuarentena.
Ya
habrá tiempo para poder caminar por la costanera y pasear por horas
junto a nuestras mascotas. Ya habrá tiempo para salir de fiesta cada fin
de semana, o todos los días, como forma de compartir con las amistades y
salir de la rutina. Ya habrá tiempo para recorrer los hermosos parajes y
lugares de nuestra región e incluso ir a Río Gallegos por el día a
comer milanesas o comprar víveres. Para todo eso habrá tiempo.
Pero
lo que debemos entender es que no sacamos nada con proyectar tiempo si
no somos capaces de cuidar nuestras vidas. De entender que aun cuando no
necesariamente estemos dentro de la población de riesgo, por contraer
coronavirus, sí nos transformamos en vectores que ponen en riesgo las
vidas de otras personas. Hoy no es tiempo de egoísmos sino de
generosidad. Hoy no es tiempo de oposición versus oficialismo sino de
unidad. Porque si algo no ha enseñado esta pandemia a valorar y entender
las fortalezas y debilidades de nuestra sociedad, de nuestro país.
Chile es una nación hermosa y próspera, que se ha construido desde las
bases de su territorio con el esfuerzo de su gente.
Demos,
de una buena vez y como magallánicos, el ejemplo de una ciudadanía que
entiende las consecuencias de sus acciones además de empatizar con esta
crisis de salud pública que nos afecta a todas y todos. Porque quiero
volver a mi región, porque quiero compartir con mis amigos y amigas,
porque quiero que mi polola conozca mis tierras, porque quiero que cada
uno de ustedes esté bien, juntos a sus familias y seres queridos, el
llamado es simple: ¡NO SEAN MAZETAS!