Novus

La
semana pasada hemos escuchado insistentemente una especie de  falso
silogismo difícil de entender, pero aun así, al parecer goza de
aceptación y uso en las conversaciones que proyectan los medios de
comunicación, hace rato que ya nadie cuestiona nada. La frase “nueva
normalidad”, en medio de una estimación que en nuestro país,  a fines de
abril o comienzos de mayo  el Covid 19 alcanzará su  peak o máximo
valor, parece no tener lógica alguna.

Un
silogismo se compone de tres pasos que se deben incluir siempre
necesariamente para obtener una conclusión acertada. Así de las premisas
mayores y menores se extrae una conclusión. Un ejemplo seria, “ningún
hombre puede volar”, “las águilas vuelan”, “las águilas no son hombres”.
Entonces, cualquiera sea la intención, ni volver, ni nueva y menos
normalidad encajan, como política para enfrentar este desgraciado y
democrático virus.

Nueva
viene del latín “novus”, – que simplificando su significado seria,
“algo distinto o diferente de lo que antes había”- , hasta aquí
podríamos ir bien, pero – “normalidad”- ,  en un sentido general, hace
referencia a aquello que se ajusta a valores medios. En términos
sociales está vinculada a las conductas que no muestra diferencias
significativas respecto a lasque anteriormente tenía la comunidad. Pero
nunca se deb
e
olvidar que la “normalidad”  tiene una gran carga de subjetividad y
está vinculada a la condición social, la edad y otras cuestiones.
Entonces estamos ante un problema, – “nuevo sí, pero normal no” – , la
verdad es que nada lo será, todo está por cambiar. No se puede hablar de
normalidad cuando somos testigos de un aumento de 552 contagiados en un
día.

En
resumen para no detenerse, el concepto de normalidad engloba una serie
de expectativas que cada sociedad tiene de su propia gente. Se trata de
una generalización y como tal, carece de precisión cuando se lleva a la
práctica. Por eso mismo que es tan difícil decretarla de oficio, más aún
ante el asombro de un peak de la enfermedad que en nuestro país todavía
no llega. Tanto así de asombroso  que pareciera ser, como sacar un
conejo de un sombrero, haciendo caso omiso de la opinión de expertos.

En
muchos países, sobretodo, en los que nos llevan 60 o más días de
pandemia por delante, se ha discutido el alcance de la tan mal llamada
“nueva normalidad” y al parecer no hay un consenso claro acerca de su
significado, teniendo en consideración que lo único que se ha hecho
normal es el “miedo”, al contagio y a no sobrevivir o subsistir dada la
consecuente y actual contracción económica.

La
Radio y Televisión alemana Deutsche Welle (DW), publicó la opinión de
un prestigiado infectólogo y académico de la Universidad de Chile, quien
dijo,  que si bien se han conseguido buenos resultados y que la curva
se ha ido aplanando, “las medidas de control tienen que ser mantenidas
en esta fase de la pandemia. No tenemos datos sólidos en la evidencia
científica que nos ayuden a determinar que sea seguro volver prontamente
a clases o reabrir centros comerciales”.

Ante
tan poca claridad y seguridad,  ojalá  sigamos lejos de la apreciación
que hace algunos días realizaba el filósofo del  Instituto Tecnológico
de Massachusetts (MIT), Noam Chomsky, advirtiendo que los gobiernos
están siendo “el problema y no la solución” y  en referencia a su país
hablaba de “bufones sociópatas” que manejan la administración.

Pero
el gran “novus” o cambio  de fondo será el consumo, quizás durante los
últimos 40 años, el consumo de las familias ha actuado como el motor de
la economía, incluso a costa de su endeudamiento. La distancia social y
el contexto obligarán a revisar gastos que nos parecerán superfluos.
Esto será una especie de  ley que rige para todas las posguerras,  habrá
 ajustes, trabajaremos más,
ahorraremos más y consumiremos menos. Y esto sí que será un cambio y una normalidad de grandes proporciones.

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