Corría
el mes de abril de 2010 y este iluso quijote a sus 56 años volvía a
Atacama para asumir las funciones de SEREMI de Salud en la Tercera
Región. A los 5 meses, ante el escenario generado desde el poder
central, decido renunciar y además exponer mis motivos. Aquello
obviamente no fue “políticamente correcto” y significó ser “no querido”
(sinónimo en política de perseguido) no solamente por mis contendores
ideológicos (el zurderío) sino que también por el gobierno de Piñera 1.
Hoy he revisado algunos de los documentos que escribí en dicha oportunidad.
Cito
textual un párrafo de “Los Gritos de Silencio”, enviado a
parlamentarios y consejeros UDI (yo era militante y consejero nacional
de la UDI hasta febrero de 2012):
“Me
duele el haberlo hecho” (la renuncia) “… Me duele porque constato que
mi Gobierno, nuestro Gobierno, está haciendo más de lo mismo que
critiqué. Me duele porque si no hacemos bien las cosas volveremos a
tener Concertación. Me duele porque mis reclamos siguen siendo
verdaderos “GRITOS DEL SILENCIO”. Me duele que estemos olvidando el
ejemplo de Jaime Guzmán
porque no estamos defendiendo a los pobres con fuego en el corazón y
llamas en los ojos. Me duele la ingratitud para con el Gobierno Militar.
Me duele que el asistencialismo siga primando y en vez de enseñarle a
pescar les sigamos regalando peces a los pobres. Me duele una educación
superior con universidades que engañan la fe pública y en realidad hacen
un negocio. Me duele una salud pública que ha recibido una enormidad de
recursos pero que no es capaz de resolver los problemas de una parte
importante de nuestro pueblo con calidad, con oportunidad y con respeto
por las personas. Me duele la parafernalia que le gana a la austeridad,
el corto plazo que olvida los efectos de largo plazo, el reinado de las
encuestas y el cálculo mediático que olvida el bien común. Me duele el
“amiguismo” para decidir los puestos. Me duele que la descentralización
no exista y que sigamos con el centralismo. Pero esos dolores, que asumo
con hombría, aún no son capaces de quitarme los ideales, de borrar mis
convicciones ni de aplastar mis valores. Y no lo serán”.
Ése es un extracto (en lo que deseaba traer a colación hoy) del documento que envié el 4 de septiembre de 2010 a la UDI.
Luego,
me embarque en el Movimiento UDI Popular y Regionalista junto a otros 4
queridos y recordados amigos de aquellos tiempos (casi todos alejados
de la UDI).
Llegamos
a desarrollar una “Declaración Fundacional” (no como saliendo de sino
que al interior del partido) en que levantamos nuestro lema “Avanzando
hacia el futuro, orgullosos de nuestras raíces”. En parte del breve
diagnóstico, señalábamos : “Transcurridos quince meses de gobierno,
vemos con alta desazón que estamos frente a una realidad preocupante en
la cual tenemos buenos resultados en la administración de la Nación,
pero enfrentamos un panorama hostil, de creciente efervescencia social….
Arriesgando pagar un muy alto costo político por la inacción y o
condescendencia de nuestras autoridades partidarias, perdiendo lo
logrado en décadas de esfuerzo, renuncias y sacrificios”. En otra
oportunidad, profundizaré en como política, social y económicamente
buscábamos influir institucionalmente.
Amigas
y amigos, es realmente doloroso y muy lamentable constatar que once
años después, estamos no solo igual de mal, sino que peor, porque han
entregado a la Patria a la real posibilidad de destruir todo lo que se había avanzado. El vaso ya no estará medio lleno y medio vacío. Estará VACÍO.
Para
evitar aquello, ESE DESASTRE, debemos estar todos unidos, aquellos
quienes queremos una Patria grande, próspera y que cada día saca
adelante a sus hijos e hijas, como una gran familia. De nosotros depende
que se generen y que surjan los liderazgos que seguiremos con la
mística, convicción, valentía y decisión que tuvimos en la otra gran
crisis; la de los setenta.