Osadía mundial

Vivimos en una época donde todo parece estar descubierto, todos los rincones del planeta recorridos, todos los sabores probados, todos los sentimientos percibidos. Como antaño miramos hacia el cielo como el siguiente bastión a conquistar. Queremos entender el funcionamiento del universo y tratar de descubrir en las estrellas el futuro que nos espera. Poco a poco tomamos conciencia de nuestra extrema pequeñez.
En la Europa medieval y en Oriente los reyes, señores de la guerra y los estados, se creían lo más grande y fundado en su fe mal llevada mantenían en vilo a la población con un proceso de exterminio y dominación que aún perdura en nuestros días. No había capacidad de conciliación y por pequeños territorios, más ínfimos que una simple península de nuestra enorme región, aún hoy hay una necesidad de destruirse, causar pavor y laceraciones. Nada hemos aprendido y seguimos en la misma senda.
Los que se aventuraban antes eran obligados por penas conmutadas, por las buenas pagas ofrecidas, por la adrenalina de experimentar algo nuevo o por no tener nada más que hacer o familias a quienes cuidar. Era un mundo sombrío y distinto y la expectativa de vida nunca fue muy alta. No había tanto valor a la existencia como pareciera ocurrir hoy, donde nadie quiere morir y si ha de ocurrir, que sea lo más tarde posible.
Mañana se cumplen 500 años desde que Magallanes enfiló la proa de la Trinidad a las aguas del estrecho, sin saber que era el paso que esperaba encontrar. Su osadía, porfía, temeridad y rigor le llevaron a un puesto de altura mundial, de aquellos que resulta imposible de imaginar. Las campañas de las cruzadas, Alejandro Magno, el imperio romano y cada proceso de expansión ha tenido una planificación y un conocimiento previo de logística, servicios y reemplazo de tropas, pero en lo que hizo la flota de las Molucas no hubo nada de eso. No había vuelta atrás, no había buques de abastecimiento, reemplazos de caídos o brazos nuevos para jalar jarcias con la energía suficiente. De más de 250 hombres, solo volvieron 18 y luego unos pocos más.
Hoy se mira a Marte como proceso de exploración. La demora está en que todo tiene que ser seguro, porque al igual que entonces, será sin vuelta atrás, en un espació mucho más pequeño, sin ruido, sin aves o delfines que les entretengan, sin la claridad del día y la noche para saber cuánto tiempo ha pasado. Actualmente es más difícil tomar la decisión de participar en una aventura colosal, porque antes decían que había que estar enajenado para hacerlo y hoy, parece ser que es un requisito indispensable para formar una tripulación, con altos currículos de años de esfuerzo que pueden quedar a la deriva en la inmensidad ante la simple falla de un tornillo mal puesto.
Magallanes logró lo imposible, armó sus buques, eligió con pinzas a su gente y cuidó su proyecto con una tenacidad impresionante. Solo él sabía el destino, las necesidades y previó cada detalle de aquel avance. No esperó consejos, porque la naturaleza humana llama a opinar y tender a cambiar rumbos. Él no lo aceptó y por eso su gloria es de carácter mundial y estamos orgullosos de ser parte de la tierra que fue bautizada con su nombre.

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