Otro camino es posible

Así como en el hablar lo importante es no sólo lo que se dice, sino cómo se dice, también son fundamentales las vías o procedimientos que surgen para llegar a una meta; es decir, si es importante un objetivo a lograr, lo son de igual manera los métodos y procedimientos para llegar a él. Esto es lo que sucede con la pretensión de tener otra Constitución, en donde el procedimiento no es baladí, porque dependiendo del camino que se tome, se podría llegar al final más empobrecidos como país, más divididos, más enfrentados. En jerga popular se diría que saldría más cara la vaina que el sable.
A estas alturas se ha ido creando un cierto consenso en que la actual Constitución Política requiere cambios importantes, pero no esenciales. Hoy día la gente entiende por experiencia personal, qué significa ser dueña de sus ahorros para obtener una pensión en el futuro. Entiende que no quiere cambiar sustancialmente de modo de vida, pues desea una casa que sea propia; un trabajo con cierta estabilidad y buen trato; poder progresar económicamente; que sus hijos puedan tener una educación que les permita enfrentar sus destinos con mejores armas; en fin, poder salir un fin de semana a almorzar, tener vacaciones, una pensión que les permita tener una vejez sin mayores sobresaltos económicos. Pero ¿cuál es la vía o el caminao que se debe transitar para lograr estas y mejores cosas aún?
Ciertamente para lograr un mejor nivel de vida, la economía, concepto tan odiado por muchos porque les recuerda que los bienes son escasos y que queramos o no, no alcanzan para todos, debe manejarse con sentido de responsabilidad. Y la responsabilidad exige negar muchas veces lo que quisiéramos poseer materialmente, por el simple hecho que no alcanza.
¿Entonces qué tiene que ver la Constitución con todos estos anhelos de progreso, de bienestar material, de ascenso social? Una Constitución que permita el progreso en base al esfuerzo, a la educación, a la protección de nuestra salud, será una buena Carta Fundamental. Una que garantice que el Estado no se meterá en la educación de nuestros hijos, porque eso le corresponde por esencia y por derecho natural a los padres, y no a empleados públicos, aun cuando que se les mandate para ello. Una sociedad sólo florece en libertad. Cualquier derecho social tiene sentido y eficacia en libertad.
El camino que se quiere iniciar aupando la opción del Apruebo, es uno turbulento, de aguas procelosas, de demasiada incertidumbre para un Chile que requiere urgente de paz, de concordia, de acuerdos, de libertad para decir lo que pensamos sin temor a agresiones ni funas.
Otro camino es posible, sí, que va aparejado al Rechazo a otra Constitución, que consiste en sentarnos y conversar de frente los cambios que el país requiere. Tenemos las instituciones para ello: el Congreso Nacional. Tenemos los procedimientos para ello: la próxima elección de Diputados y Senadores. Le ahorraremos al país no sólo millones de dólares, tan necesarios para ocuparlos en protección y ayudas para las personas, sino también ahorro en incertidumbres tan caras para la paz social.
Quienes genuinamente estamos por el Rechazo, pensamos que los cambios por consideración a la gente y a las próximas generaciones, los debemos hacer en orden, paz y respetando la legalidad vigente. Tenemos una oportunidad única de abordar con seriedad, responsabilidad y realismo los problemas para los próximos cincuenta años, que la desperdiciaremos si entregamos dicha oportunidad al populismo y a políticos inescrupulosos.

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