La
propuesta del Gobierno de apoyo a la clase media en realidad es a
prueba de incautos, quien puede definir en Chile, que es clase media,
todos aspiran a serlo porque nadie quiere asumir la pobreza, y por
cierto tener un televisor a color, una lavadora o un auto chino no nos
hace crecer el pelo. Además, que pasa con quienes ya estaban cesantes
al inicio de la pandemia, podrán acaso probar que han visto disminuidos
sus ingresos, si su problema es que no tenían ingresos, en realidad las
exigencias para acceder a tan escaso beneficio semeja más a esos premios
que se ofrecen a través de una máquina de peluchitos en que nadie
puede sacar nada y la máquina siempre gana, salvo uno que otro
afortunado que permite al dueño de la máquina defenderse de una
acusación de fraude. La demanda ciudadana por el diez por ciento es un
auténtico detonante social, porque quedó al descubierto la auténtica
naturaleza de estas instituciones, sus falencias y la incapacidad de
nuestra clase política de elaborar propuestas razonables y no celebrar
con capa, pancartas y porras una votación que de momento no es una
solución. Obtener la devolución de un exiguo porcentaje de los fondos
previsionales en realidad no se asocia a la pandemia sino que huele a
revancha, la expresión de desconfianza de los trabajadores que sienten
que al menos a algo tienen el derecho de acceder de las utilidades de un
negocio en que son los principales accionistas de un fondo que
representa el 80 % del PIB, pero en el cual no participan de las
utilidades, de la toma de decisiones y de ninguno de los atributos del
dominio. O sea, sociedades que fueron construidas para ser
administradas por los únicos dueños de las utilidades que no son los
trabajadores, que además deben pagar una comisión porque les administren
sus propios recursos. O sea, no son los dueños de un Mercedes Benz
hecho para durar, en un país donde se construye el mejor auto por el
mejor precio, que supone buenos sueldos, sindicatos fuertes, seguridad
social y un producto final que es el orgullo de todos, éste es un
carretón rasca, que se debe empujar cada cierto tiempo, remendar con
algún fondo solidario, para que al final de la carrera entregue una
renta miserable. O sea, un carretón picante hecho por el menor precio
posible, con escasa cobertura, cero aporte patronal y del Estado,
solventado por quienes lo empujan para que al final unos pocos se queden
con las ganancias. Esa rabia acumulada hace que el 10% no sea para
superar la pandemia, sino que un paliativo por todos los vejámenes
sufridos durante décadas, inclusive por quienes ya murieron sin acceder
jamás a una pensión digna. El Senado tiene la difícil tarea de sincerar
el debate, acá la crisis y el reclamo ciudadano no es sólo porque la
clase media lo esté pasando mal, no es expresión de caridad y de
solidaridad social, la restitución del 10% por ciento es en realidad un
acto de restitución, de devolución de algo que es propio, pero no tanto,
que es previsión pero no tanto, que se les califica de fondos con una
finalidad social pero en que las utilidades y las comisiones son
privadas. O sea, la esquiva clase media es aquella está endeudada hasta
el cuello con la educación de sus hijos, los gastos de salud,
medicamentos y la renta mensual, aquella no es lo suficientemente pobre
para acceder al subsidio pero tampoco es pudiente para ser bancarizado.
El pueblo de Chile, ya está harto de cuentos chinos, no quiere más
explicaciones de especuladores de bolsa, ni sentencias predecibles del
TC, quiere su dinero ahora, sino es previsible que las protestas de
octubre sólo hayan servido de precalentamiento, nada más.