París, la ciudad que amo

La torre Eiffel se abrió al generoso público, después de tres meses de precaución.

 Siete millones de turistas la visitan al año.

Es el símbolo de París, la ciudad internacional que amo.

Siempre estuvo en mis preferencias.

En la historia seguí la herencia de la Revolución Francesa:

Libertad, igualdad y fraternidad.

Es el ancla de los Derechos Humanos.

El ánimo mayor del camino republicano, ajeno a la tiranía de izquierda y de derecha.

Con el afán de representarla voluntad de la mayoría, expresada con justicia.

Y con respeto por las minorías.

Aún muy joven, leí a Balzac y a los autores clásicos. Además a Víctor Hugo, creador de “Los Miserables”.

Sentí
y viví mi entorno puentealtino y recorrí Chile desde Arica a la
Antártica, donde permanecí trece días invitado por la Fach.

En
primer lugar ubico Valdivia, a la que fui acompañado por Jorge
Finkenberger en el verano de 1961, menos de un año más tarde de que
fuera devastada por el peor terremoto de la historia, desde que hay
registro.

Me extasié en viajes a las Torres del Paine y con San Pedro de Atacama.

Me refresqué con los vientos de Punta Arenas y el sonido del mar de San Antonio.

Vuelvo a mis latidos por Francia.

A
la esplendidez de Brigitte Bardot en su juventud. Y a Catherine
Deneuve, la más bella. Investigué que nació el mismo día y año en que yo
aparecí en este país lejano de Europa.

Fui muchas veces a París, tanto enviado por “Las Últimas Noticias”, diario en el que trabajé 33 años, con grandes maestros.

Concurrí al Campeonato Mundial de Fútbol de 1982, que se disputó en España.

Volé a París con mi gran amigo Julio Salviat y el reportero gráfico Alejandro Basualto. Al llegar fue una sensación bárbara.

Después
del torneo recorrí varios países con mi hermano Agustín y Alfredo
Asfura. Ellos siguieron otro curso y yo fui recibido por mi gran amiga
María Cristina Jurado, quien vivía en esa gran ciudad. Aunque había
celebrado mi santo en Madrid a mediodía, lo reiteramos en París. Fue mi
gentil anfitriona.

Regresé muchas veces a la capital francesa a casa de Nana Cortés, chilena. Me recibió con sus hijos Salvador, Isay Nathy.

En uno de los traslados volé con mi amada hija Soledad. Tengo muchas anécdotas de París, la ciudad que amo.

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