Hasta el paro de los camioneros sólo estaba preocupado por mi hijo y sus amigos en la carretera, ahora además, tenemos que ocuparnos de los camioneros, que con la juerga pusieron en riesgo la seguridad, la sobriedad y la justicia de sus reivindicaciones. Lo que no pudo hacer el Ministerio del Interior ni el Ministerio Público, lo hizo Capel, capaz que sea la receta para que la Araucanía retorne a la normalidad, quizá les faltó invitar a las comunidades en conflicto y resolver de paso algunos problemas de tierra.
Resulta ineludible comparar este paro de camioneros con el último intento de paralización en el periodo de Ricardo Lagos, en que bastó un Panzer para resolver el asunto, no hubo necesidad de farándula, desplantes ni anuncios de querella, tampoco intervino Capel ni Mistral, ni la Cubanacan.
Es que este episodio que podría ser jocoso pero en realidad demuestra la absoluta incapacidad del Ministerio Público y del Ministerio del Interior para hacer aplicar la ley cuando un gremio recurre a las vías de hecho, sobretodo si tiene camiones.
La Araucanía se ha transformado en una pesadilla para el Gobierno que más allá de denunciar la violencia no tiene políticas públicas, no llegó el Plan para la Araucanía, la agenda extraordinaria, las fuerzas especiales o el diálogo. Los camioneros decidieron hacer un paro a su pinta, pasarla bien, anticipar el dieciocho, dejar de pinchar neumáticos y golpear a sus colegas que insistían en transitar, compartir, transparentar lo que les está ocurriendo y hacer de todo una jarana, una juerga en que su propia realidad se trivializa, total después de todo lo ocurrido estos meses da lo mismo.
Lo único fuera de contexto en este conflicto fue la sobriedad y gravedad de nuestro Ministro del Interior, que no ha sido capaz de desplegar ni la fuerza pública ni una modesta misa de acción de gracia llamando a la moderación. Lo único que faltó fue invitar a todos, Carabineros, Ministerio Público y funcionarios del Ministerio de Interior incluidos, para que la experiencia del desgobierno y falta de ejercicio de la autoridad pública fuese completa.
En efecto, cuando la falta de autoridad llega al extremo todo es posible, probablemente en nuestra historia reciente cuesta encontrar un Gobierno, que demuestre tanta impericia, tanta incapacidad para garantizar el orden público, sin temores, de un modo ordenado, conforme a las reglas de un Estado de Derecho, pero ejercer la autoridad, con estos numeritos sólo nos falta esperar una gran fonda en la Moneda o peor aún, que se licite el patio de Los Naranjos para hacer una gran feria popular, a ver si así algún inquilino de la Moneda decide hacerse socialdemócrata.
La extrema gravedad de la situación es que pasamos a un estadio superior de violencia en que la quema y el incendio de camiones se ha hecho rutina.
Las reivindicaciones ancestrales de las comunidades mapuches no se resolverán agitando banderas, permitiendo o justificando las quemas, sino que con políticas públicas eficaces, y para hacerlas cumplir se requiere de un Estado de Derecho, tener la capacidad de hacer cumplir la ley, que al final es siempre el último refugio y la principal garantías de los más desposeídos. Cuando un Gobierno, no hace cumplir la ley, en realidad propicia la violencia y el desenfreno de unos y otros, y este papelón es una demostración extrema de aquello, de la falta de gobernanza, de la incapacidad de hacer cumplir la ley, garantizando el transporte y el tránsito público, al final el conflicto no se resolvió en la cocina de nadie sino en la casa de María, donde el paro terminó en todo un desprestigio para la causa del gremio y la seguridad de los choferes, que ya no piden custodia policial sino escort, menos trabajo para Carabineros.