Este es un domingo especial. Después de muchos años y décadas, nuestro país tiene la oportunidad de ver si quiere o no una nueva Constitución. Para algunos es algo nuevo, una oportunidad de escribir un pedacito de nuestra historia; para otros, es volver a vivir algo donde hace más de 40 años fueron parte, con un Chile distinto y bajo otras circunstancias.
Pero estas últimas semanas muchos (me incluyo) hablamos de una u otra opción; el aprobar o rechazar, pero ¿nos hemos detenido a pensar en que queremos para el futuro? ¿hemos visualizado que la inmensa mayoría de los chilenos quiere paz?
Hemos invertido mucho tiempo en que es necesario cambiar nuestra Constitución, de una u otra manera, pero como clase política no nos hemos detenido a pensar en que Chile requiere paz, una paz social que nos permita seguir avanzando como sociedad. Y esa paz no sinónimo de aguantar todo, soportando presiones de uno u otro sector y bajo presión tener que construir un país.
El actuar bajo esa misma presión, nos va a llevar inexorablemente a que en algún momento esta olla de presión nuevamente vuelva a explotar tal como nos ocurrió como sociedad hace un poco más de un año.
Eso es lo que debemos evitar.
Chile requiere paz, pero un acuerdo por la paz real y concreto, donde no solo sea una excusa para eslogan o efectos comunicacionales o que al paso del tiempo se crea que nos olvidamos de todo y que volvemos al punto inicial.
Esa paz tiene que ir asociada al sentido común, a los que efectivamente la gente necesita, sus problemas reales, sus requerimientos del día a día. No le demos espacios a los populismos o a los llamados a cambiar todo, mediante la fuerza o las amenazas de que se incendiará el país porque eso, desde mi punto de vista, no es lo que quiere la gente.
Si mañana 26 de octubre, la inmensa mayoría de los chilenos deberá continuar con su vida normal. Ya es una frase muy recurrente cuando converso con la gente el que me digan “gane el apruebo o el rechazo, al otro día igual voy a tener que seguir trabajando”.
Y tienen toda la razón porque el desarrollo de la vida debe continuar, pero siempre poniendo un punto: “pero quiero andar tranquilo y en paz”. Ahí es donde debemos enfocarnos, en ese sentido de tranquilidad que la gente debe tener, esa paz que todos anhelamos.
Nosotros – y las futuras generaciones por lo demás – estarán insertos en este Chile que ha cambiado, que se está adecuando a muchas situaciones que nadie se imaginaba hace uno o dos años, pero que de todas formas hay que tenerlas consideradas.
Tenemos que lograr un acuerdo por la paz, pero en serio, no uno que lo escribamos con la mano y que lo borremos con el codo a los meses después porque no nos conviene políticamente o que “tal comisión del partido consideró que no era la línea política”. Eso sí que no porque sería burlarse.
Y ahí me quiero detener. Muchas veces, en los partidos políticos, quienes toman las decisiones, son personas (la mayoría de ellos sin cargos públicos o de elección popular) que están absolutamente desconectadas de la realidad. Creen que aún estamos en el si y el no o piensan que Chile está dado sólo en Santiago, haciendo caer en errores graves a los que finalmente toman las decisiones y ponen la cara ante el país.
Por eso tenemos que tomarnos muy en serio el resultado de hoy del plebiscito, y sea el resultado que sea, mañana 26 de octubre tenemos que trabajar muy en serio por lograr esa paz, pero una paz real y duradera, sin amenazas ni chantajes, sino que la gente, la ciudadanía y quien sea, tenga el legítimo derecho a poder vivir con tranquilidad y sin sobresaltos.