Pensamiento político (I)

En
mi columna anterior, les señalé que pretendía compartir con ustedes el
planteamiento político, social y económico que nos motivó el 2011 a
generar un movimiento popular y regionalista al interior de la UDI,
partido en el cual en ése entonces militaba. Creo que es útil, rescatar
dichos planteamientos y en sucesivas columnas se los iré compartiendo
por éste medio.

El futuro, un país desarrollado para todos sus hijos.

Nuestro
objetivo último es y será el bien común, y como gobierno debemos
preocuparnos de los que más lo necesitan: los pobres y la clase media.
Aspiramos al desarrollo, en el marco de una economía social de mercado,
que favorezca el emprendimiento, la innovación y la generación de
riqueza y empleo. Pero cuidado con el asistencialismo, porque aquel
perpetúa la pobreza y la desigualdad.

Los compromisos valóricos para el desarrollo: Oportunidades. Respeto. Esfuerzo. Responsabilidad.

Los
países que han alcanzado el desarrollo como Japón, Alemania, Brasil,
Estados Unidos o Inglaterra entre otros, lo han hecho de la mano de una
cultura de sociedad que ha favorecido el avance. Nosotros estamos
firmemente convencidos que es hora de que en nuestro país, también
asumamos un compromiso que genere una cultura social compartida, para
alcanzar el sueño aprehendido del bien común, que se funde en las
oportunidades que favorece el Estado, y la responsabilidad, el respeto y
el esfuerzo que desarrollan todos los hijos de esta tierra querida.
Desde la familia y desde la educación preescolar debemos fomentar dichos
principios y valores, y hacerlos carne en la ciudadanía. Sin ellos,
nunca seremos lo que aspiramos ser.

Un objetivo estratégico priorizado: Educación, el pilar.

Debemos
abordar una gran Reforma de la Educación sumando voluntades y
poniéndola en el eje central de nuestra estrategia de desarrollo. Para
aquello, primero debemos consensuar cual es la educación que necesitamos
y que queremos. A continuación debemos implementar las formas de
financiamiento que los recursos del país lo permiten. Basta de modas y
experimentos fracasados, llenos de “snobismos” importados de otras
culturas y realidades, pues debemos implementar sistemas educativos,
metodologías y objetivos pedagógicos que realmente estén a tono con
nuestra realidad. Evidentemente, en un país de recursos escasos, la
solidaridad debe jugar un rol principal, pues los que alcancen niveles
superiores, deben retribuir en alguna forma los beneficios recibidos.
Basta de discursos de gratuidad, porque siempre alguien paga, pues nada
tiene costo cero; sino es la persona directamente, lo es el Estado con
los impuestos que todos pagamos. Debe ser una educación equitativa, sin
discriminaciones, de calidad y en la cual el estudiante debe ser el
primer comprometido con su propio destino y resultados. Una educación
que favorezca el emprendimiento y permita la libertad de elección, pero
que sancioné severamente los incumplimientos y fallas a la fe pública.

He
ahí algunos lineamientos que he sustentado y sustento, para alcanzar el
desarrollo de nuestra Patria. Más adelante vendrán los otros tópicos
que son necesario de abordar.

Continuaremos en la próxima semana.

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