Desde siempre hemos pensado que la actividad política debe estar al servicio de la persona humana; que su última razón es el bienestar del pueblo, de su cuidado. Y es la política, los políticos quienes dictan las leyes y las normas precisamente para ese bienestar. Santo Tomás definió la ley como aquella “ordenación racional destinada al bien común, dada y promulgada por quien tiene a su cargo el cuidado de la comunidad”. Una norma que atentara contra la salud de la población, no tendría materialmente dicha naturaleza, aún cuando formalmente cumpliera los requisitos para ello.
De cara al plebiscito de los políticos, programado para el próximo mes, cabe preguntarse si la autoridad con las normas que ha promulgado, ha sido y es celoso con el cuidado de la comunidad. Esta pregunta que otrora no tendría mucho sentido, toma una dimensión esencial teniendo en vista el infame virus que ronda por las calles de nuestro país, y que en el caso de Magallanes, es particularmente insidioso.
El Servel nos dice que ir a sufragar es lo mismo que ir al supermercado, pues a su juicio, por sí ante sí, ha dictado normas que aseguran que ninguna persona contraerá el covid 19 al momento de la votación. Ha dicho además, que si una persona tiene el virus activo en algún local de votación, debe igualmente votar, aunque como usted lector comprenderá, pueda con alta seguridad, contagiar a los demás electores.
Olvida inexplicablemente el Servel, y en definitiva, el Estado de Chile, que la población debiera movilizarse masivamente a los locales para efectos de sufragar, y como se puede entender fácilmente, tal traslado debe hacerse en locomoción colectiva. Tendremos una gran movilidad el día del plebiscito de los políticos, algo que la autoridad reiteradamente nos ha dicho durante casi todo este año, que no debe ocurrir para evitar contagios. En Punta Arenas incluso se ha impuesto la restricción vehicular con el propósito de evitar que mucha gente se movilice por la ciudad. Un gran contrasentido que no tiene solución. Luego, si después del acto plebiscitario emerge una gran cantidad de nuevos contagiados, de fallecidos, ¿quién se hará responsable?
Más aún, si las normas que ha dictado el Servel para que cualquier ciudadano se desplace por la ciudad, haga filas, entre a un local de votación, además de decirnos que unas pocas personas pueden estar permanentemente dentro de casa sala o lugar como vocal de mesa y apoderado, entonces esas mismas normas y criterios son posibles de aplicar a todo el comercio de la ciudad, que por una razón sanitaria, la autoridad mantiene cerrado. Nuevamente una contradicción insalvable, que privilegia la política por sobre la salud de los ciudadanos.
Qué pasará con los adultos mayores, con aquellas personas que están más susceptibles a contraer la enfermedad, como los hipertensos, diabéticos, los fumadores y tantos otros. Podrán ellos ir a votar con la total seguridad que no se enfermarán. En Magallanes sigue altamente activo el virus y no existen estimaciones precisas de cuándo llegaremos a cero casos, con el agravante que comunas como Porvenir y Puerto Natales han ingresado hace muy poco a cuarentena, la que se mantiene en nuestra ciudad.
Vemos penosamente que la política hoy por hoy, privilegia un acto electoral que perfectamente puede aplazarse para una mejor oportunidad, dando además una señal lamentable sobre las prioridades de su actividad. La política se yergue como un contrincante de la salud pública, y dependerá de nosotros salvaguardar nuestra la salud antes que el plebiscito.