Por Magallanes y un Chile mejor

Estos
son los días en los cuales, a pesar de vivir el invierno, surgen a
raudales las esperanzas más grandes, como si ya estuviésemos en la
primavera que a todos nos anima siempre. Si bien es cierto escasea la
hermosura y majestuosidad de la nieve que por las anchas pampas
patagónicas había esparcido su blancura sin igual, vemos señales que nos
generan ese hermoso sentimiento de percibir que algo bueno, que algo
mejor, ya está cerca.

Nace, para oponerse a ese negro sentimiento que
trajo la violencia, el fuego y la destrucción que nos quisieron imponer
ese fatídico 18 de octubre de 2019, la esperanza de que podremos retomar
el camino y volver a creer y volver a avanzar. Nuestra Patria y por
supuesto nuestra Región, hasta 2019 había estado teniendo un ascendente
camino rumbo al desarrollo, rumbo a una mejor vida, rumbo a una mejor
casa común, rumbo a una vida con evidentes mayores beneficios que los
que tuvieron nuestros viejos queridos y por supuesto nuestros abuelos
queridos.

Pero algo en ese camino ascendente que traíamos, hizo que la
gran mayoría se dejara encandilar por los cantos de sirenas de
justamente aquellos que NUNCA han aportada absolutamente nada a la
felicidad de las personas, más allá de manipularlas y en aras de una
falsa igualdad les inducen a destruir todo lo alcanzado. Y ese algo, a
mi juicio, se debió a que no se ha narrado la historia completa de lo
que vivimos en las décadas del 60 y del 70 del siglo pasado, pero más
aún porque en la comodidad de los avances materiales que ocurrían, se
perdió gran parte de los sentimientos, de los valores y de lo que
habíamos realizado durante décadas en términos de considerar al otro
como un verdadero hermano, sujeto antes que nada de respeto mutuo y que
las cosas materiales son una forma de tener mejor devenir en la vida
cotidiana, pero lo que realmente importa en esta vida nuestra, es la
capacidad de sentir, de querer, de respetar y de amar al otro.

Aquello,
especialmente en la política de nuestra Patria, en los últimos 15 años
se comenzó a perder y el acuerdo, la conversación, el punto de
encuentro, el cambio paulatino y progresivo, comenzó a ser nuevamente
(como en los 60 y comienzos de los 70) reemplazado por la violencia
verbal y física con una falsa propuesta de mejorar todo, porque lo único
que han logrado es destruir mucho de lo que se había logrado construir
con gran esfuerzo y lo que es peor, destruir la convivencia que es de
todos.

Nos han querido imponer visiones llenas de mesianismos de que
todo está malo, que todos son ladrones, que todos son abusadores, que el
modelo es el culpable y que todo tienen que cambiar. Evidentemente
aquello es un absurdo, porque una persona, y menos una sociedad que
lleva siglos de construcción social (con sus altos y sus bajos), puede
en algún momento partir de nuevo. Nadie vuelve a nacer para empezar de
cero, menos, ninguna sociedad muere y nace convertida en otra sociedad
de un día para otro. Diferente es y no discutible, el que las
sociedades (y el hombre también) evolucionan, se adaptan y avanzan, pero
aquello siempre es un proceso gradual, progresivo, consensuado,
democrático y libre.

Por eso, hoy cuando hemos logrado constituir en
todo Chile al Partido Republicano, cuando hemos dicho que vamos con el
único candidato presidencial que de verdad y sin eufemismos defiende los
valores y principios de una sociedad libre y cuando hemos demostrado
que siempre estaremos por la UNIDAD, pero aquella de verdad, la que se
genera en las conversaciones sinceras y sin dobleces, aquella en la que
prima el interés institucional por sobre el interés de las personas,
podemos decir y anunciar a todos los vientos magallánicos y a todos los
vientos patrios, que surge la esperanza para que, por la vía
democrática, luchemos por la LIBERTAD y nos impongamos el alto desafío
de recuperar Chile en los político, en lo social y en lo económico, solo
movidos por la búsqueda del bien común y porque trabajaremos para que a
toda nuestra gente, a nuestros hermanos, les debe llegar
progresivamente los beneficios del desarrollo, para lo cual toda nuestra
ciudadanía lucha cada día.

Con alegría inmensa y con Fe y con una gran
esperanza, nos alegramos del acuerdo alcanzado entre el Partido
Conservador Cristiano y el Partido Republicano para enfrentar las
próximas elecciones, porque queremos que esas mujeres y hombres
cristianos y patriotas, comprometidos con los más necesitados y con la
clase media, serán los que asumirán las diferentes candidaturas, y
esperamos serán los que contaran con el inmenso apoyo de la gran mayoría
silenciosa que quiere vivir en paz, que quiere retomar el camino de
progreso y bienestar para que, algún día no muy lejano, nuestra Patria
alcance el sitial de país desarrollado.

En las próximas elecciones,
existirá un candidato presidencial José Antonio Kast, quien encarna toda
esa gran expectativa que nuestros compatriotas tienen y, en Magallanes
existirán candidatos hombres y mujeres que nunca se han servido ni se
servirán de la política, sino que vienen a servir a la buena y correcta
política para guiarnos hacia el éxito y hacia la grandeza. Magallanes y
Chile cuentan con cristianos y con patriotas que vamos a luchar por la
libertad y vamos a recuperar Chile para los chilenos. Contamos con
vuestro apoyo. Estamos a vuestra disposición.

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