¿Qué
resulta más importante? ¿Un reconocimiento nacional o un cargo
temporal? La salida de las pantallas de la televisión de una periodista
reconocida nacional e internacionalmente por la claridad de sus
análisis, imparcialidad en sus investigaciones y fuerza y franqueza en
la difusión de ellos, demuestra el poder que tienen los medios de
comunicación cuando están en manos de intereses especiales. Su
reemplazo, como lo diría la escultural Tonka, quien “ya es de la casa”
está pavimentando su camino para postular sea algún cargo público, de
aquellos que deberán reemplazar a los que tienen sus días contados en el
Congreso. El canal que, alguna vez, fue democrático, hoy ha inclinado
todo a un solo lado y resulta tan evidente como las aberrantes e
inhumanas intervenciones que hacen sus representantes. Los acérrimos
defensores se quieren convencer de la bondad de sus acciones y los
aplauden hasta rayar en lo imposible, mientras el resto preferimos
cambiar de sintonía o simplemente escuchar música. Jugar con la libertad
de los ciudadanos y con sus conciencias fue lo que gatilló el conflicto
de octubre del 2019 y aún no quieren entenderlo e intentan manipularlo.
Tenemos
hoy un sector que tiene preponderancia en la difusión de sus ideas en
los medios masivos frente a otros que parecieren no existir. Lo
contraponen con Jadue, como banderillero de la oposición y al ser del
temido y vilipendiado PC, le dan pequeños espacios y lo cortan porque lo
que dice duele y tiende a alterar el status quo.
Ya
nos cansamos de ver a Lavín o a Carter en absolutamente todo y ahora
entró Cubillos que parece intocable. Si alguien dice algo que no gusta
le tildan de golpista, como aconteció con Hoffmann, otra dueña de los
espacios. Ya no le prestan ropa a Moreira, pues sus exabruptos son
peligrosos ya pesar de la pulcritud de sus trajes, es visto como el
generador de polémicas.
La
salida de ministros debió ser amenizada con declaraciones de Plá o de
Carlos Larraín, a quien llaman de tanto en tanto para colocarle el
distractivo simpático en cada una de sus campechanas intervenciones.
Cuando no tienen a nadie más, cuando la cuerda está débil aparece en el
ruedo y, como sus reflexiones son duras también para su sector, lo
vuelven a olvidar.
Mantener
al país informado adecuadamente y que quienes gobiernen escuchen y
entiendan lo que está pasando es muchísimo más importante que las
aspiraciones políticas de los que hoy están en la pantalla que
sesgadamente analizan la realidad y ocultan lo que conocen por ser feo,
contraproducente o indignante. Es la única manera de entender que
Mañalich no tuviera conocimiento del grave hacinamiento de algunos
sectores de nuestra población o que todo lo que imaginó se cayera como
un castillo de naipes.
Castillo
de naipes, sí, pero levantado por su enorme ego, por confiar y limitar
su visión a los aportes que quiso escuchar, con la soberbia de aquel que
dice: “el Estado soy yo y a mi me toca hoy gobernar y lo hago a mi
manera”.
El
país necesita saber para confiar y acatar las normas impuestas y no el
continuo desajuste y explicaciones por permanentes desaguisados que ni
los proselitistas pueden suavizar.