Las acepciones del término son fáciles de encontrar en cualquier diccionario, y comprenden el hecho de no depender de otros para hacer algo. En el contexto actual de la Asamblea Constituyente debe ser entendido y aplicado conforme a la nueva realidad y se ha creado una figura para englobar a todos aquellos que no pertenecen o militan en partidos políticos.
Es aquí donde debe entenderse el sentido práctico de este vocablo, pues en muchos ámbitos resultará imposible actuar y crecer solo. La dependencia de un familiar, vecino, amigo, grupo organizado y del Estado es evidente y pensar lo contrario es intentar liderar en la nada. Hasta los anarquistas deben aglutinarse y con ello pierden su sentido unitario.
Por lo anterior, el concepto más cercano para entender lo que el 80% de los votantes pidió en el Plebiscito, debiera ser “No militante”, pero ya la bolita está corriendo y nadie se debe preocupar por su correcta aplicación. Hoy, muchos han renunciado a sus partidos para entrar en esta línea y no quedar afuera.
Ahora bien, la ciudadanía es inteligente y sabe defender los derechos obtenidos en la calle. Entiende perfectamente lo que significó el enorme resultado de ese día y, difícilmente se dejará seducir por los movimientos estructurales de la política organizada que pretenderá imponerse a través de un solapado ejercicio de “bondad”, “imagen” o “pseudo-independencia”. Sus integrantes deberán responder a los lineamientos que se les impondrán desde las cúpulas partidistas y sacarán las cuentas para poder acceder a los escasos cupos disponibles. Iniciarán la lucha para que, mezclados con los demás procesos de elección de ese día (alcaldes, concejales y gobernadores), puedan cumplir con ese objetivo. Debieran centrarse en ellos y dejar a la comunidad en lo suyo.
El mismo sistema creó la figura y la conciencia de que todos pueden ser candidatos, y resulta una estrategia que debe ser desnudada para mostrar la verdadera intención tras ella. Son tantas las necesidades que se han gritado en las calles, rayado en las paredes o escrito con sangre en este año, que cada persona se siente con el derecho de enarbolar su propia bandera y atraer para si a los que coinciden con su dolor. El asunto es que uno no tiene solo una necesidad y por ello nos sentimos unidos en el clamor de tantos otros. Muchas banderas para tres cupos es un despropósito medido e implementado para que la votación se disperse y, en definitiva, nadie salga electo. Así de simple.
Todas las personas tenemos egos, ideas, grupos de influencia que nos dicen “Tú sí” y uno se lo cree y, por último, confía y en la calma de la noche medita en “¿Y por qué no?”. Y de esa manera hemos propiciado nuestra propia candidatura. Solos no llegaremos a ninguna parte y por ello, en el curso de las próximas semanas, interrumpidas por las festividades de fin de año y eclipse de por medio, tendremos que ponernos de acuerdo para integrar una lista, no importa cuan amplia sea, para asegurar para Magallanes la presencia de uno, dos o quizás los tres representantes en esta Asamblea.
Como dije al inicio, pasaremos a ser “dependientes” unos de otro en un esfuerzo solidario y comunitario para obtener lo que se reclamó y no sentirnos burlados. Las demandas están claras y las coincidencias de planteamientos también, las posturas no varían más que en matices, por lo que mientras más integren la lista de “independientes”, más certeza tendrá la comunidad de que todos queremos un Chile nuevo, con igualdad de oportunidades y que su gente viva en paz.