Nunca
olvidaré al papá de una expolola, taxista de oficio, con quien hicimos
muy buenas migas hasta que, producto del cáncer, falleció. Él, como
muchas personas en nuestro querido Chile, salió adelante a punta de
resiliencia, de mucho esfuerzo y de ganarse el sustento en el día a día.
Él no tenía un contrato de trabajo típico (relación empleado
–empleador), se autoimponía y cotizaba en beneficio tanto suyo como de
su familia. Todo, a punta de taxear día tras día, muchas veces de
domingo a domingo, sin más descanso que un par de horas de sueño junto a
su esposa, compartir el desayuno familiar, y partir a trabajar. Y es
que hoy, como nunca querido Genaro, te recuerdo con cariño y gratitud.
Porque
la pandemia del Covid-19 no sólo ha cambiado nuestros hábitos, sino que
también está impactando fuertemente en la economía. Ni siquiera quienes
hoy gozamos de un contrato de trabajo estamos libres de perder nuestras
fuentes laborales con (quizás) la única certeza detener una
remuneración cada fin de mes (mientras dure el vínculo laboral),
realidad muy distinta de quienes ganan su dinero en la ardua batalla del
día adía. Son ellos, taxistas, vendedores del comercio minorista,
trabajadores independientes, mi pymes y pymes quienes están más
“acogotados” con la actual coyuntura y para quienes las medidas
económicas, dadas a conocer desde el ejecutivo, si bien se agradece el
esfuerzo, sabemos, no son suficientes. Todo, por cierto, en un escenario
donde observamos la llegada del peak del coronavirus a nuestro país.
En
este sentido bien vale resaltar el anuncio, desde el Ejecutivo, de un
fondo de US$ 2 mil millones para ir en ayuda de los trabajadores más
vulnerables (emprendedores, microempresarios e independientes). La
iniciativa, orquestada desde el Ministerio de Desarrollo Social, reúne a
diversas personalidades tales como Bettina Horst (Libertad y
Desarrollo), Claudia Martínez y Francisco Gallego (JPAL), Andrea Repetto
(Espacio Público), Simone Cecchini (Cepal), y Rodrigo Jordán. A ellos
se suman la subsecretaria de Evaluación Social, Alejandra Candia y el
Ministro de Desarrollo Social, Sebastián Sichel.
Si
bien podemos coincidir en que este equipo podría adolecer de
conocimiento de la calle, de su sentido de urgencia, y de la
vulnerabilidad que genera la pobreza en miles de chilenas y chilenos,
más allá de lo que establece la literatura, lo cierto es que “es lo que
hay” y sólo resta desearles lo mejor en su trabajo. Uno que, de
preferencia, debiera estar orientado a resolver las urgencias del territorio, de las personas y de quienes (prontamente) comenzarán a vivir los estragos económicos que traerá consigo esta pandemia.
En
tanto quienes son el sustento de sus familias, quienes saber de luchar
contra la adversidad y salir adelante, es poco probable que puedan
seguir estando en sus hogares porque saben que de ellos dependen otros
proyectos de vida, otras urgencias, otras vicisitudes. Estas personas no
salen de sus casas porque no tengan nada mejor que hacer. Lo hacen,
como mi querido Genaro, porque saben lo que es vivir en menos de 20 mt2,
con construcciones endebles y nulas áreas verdes. Estas personas saben
lo que es tener (con mucho esfuerzo) el pan en sus mesas para el día a
día sin tener certezas de lo que vendrá mañana o la semana siguiente.
Por esta razón, si usted puede hacerlo, quédese en su casa y no se
exponga. Ahora bien, si sufre de trastornos de pelotudez propias del
narcicismo nacional y su hogar de1.000m2, con patio incluido, no son
suficientes, entonces tome su helicóptero y váyase al carajo si quiere.
Porque mientras usted entra en pánico por su salud sepa que hay gente
que batalla, todos los días de su vida, contra la adversidad. Por eso
salen de sus hogares: para poder sobrevivir en una nación incapaz de
garantizar derechos mínimos de equidad y justicia social para todas y
todos, donde los números pasan a ser más importantes que las personas,
donde los ricos seguirán siendo ricos y los pobres, junto a la clase
media y pasada esta crisis sanitaria, seremos (probablemente) aún más
pobres, pero (Dios mediante) más solidarios los unos con los otros.