Resguardando el presente y el futuro de la sociedad

Los
últimos acontecimientos vinculados a la evolución de la pandemia en el
mundo, nuestro país y sus consecuencias en la región, junto con
llevarnos a mantener un permanente estado de alerta en cuanto al cuidado
de la salud de las comunidades y muy especialmente de nuestras personas
mayores como grupo vulnerable y de riesgo, también nos ha permitido
detener un poco la habitual velocidad de la vida diaria y tomarnos un
momento de reflexión sobre la forma en que asumimos la emergencia
sanitaria y su impacto en las personas.

Hace
algunos días, específicamente el 12 de junio, se conmemoró el Día
Mundial contra el Trabajo Infantil, situación que nos encuentran
viviendo la crisis sanitaria mundial más grande que nos haya
correspondido atravesar, y en este contexto, así como las personas
mayores, los niños, niñas y adolescentes se pueden llegar a exponer a
una situación también de vulnerabilidad.

Muchas
veces de manera silenciosa, los niños y niñas, viven este tipo de
situaciones de una forma muy diferente a la de los adultos. En el caso
de los menores, las crisis afectan de manera crítica a sus vidas, y
donde muchos de ellos se encuentran de un momento a otro bajo el riesgo
del trabajo infantil.

Todo
cuanto podamos hacer hoy en beneficio de los más pequeños tendrá su
efecto inevitable el día de mañana, y el presente, complejo como se
evidencia requiere de poner en práctica mecanismos y estrategias que
alcancen a formar una infancia feliz y plena.

Nuestro
país ha asumido un fiel compromiso con la infancia en la práctica,
facilitando el acceso cada vez mayor a una calidad de vida digna, al
resguardo de la familia y su entorno que permita el desarrollo de una
niñez mejor.

Ese
compromiso es ratificado cada vez que se ponen en marcha por ejemplo
las acciones de la Red de Protección Social, porque se trata de un apoyo
real y concreto a las fam
ilias de todo el país para contribuir a superar de alguna manera los efectos de la pandemia.

El
esfuerzo que se está haciendo entre todos es muy grande como los son
también las necesidades que se presentan, pero no puede quedar ninguna
duda que lo que se hace, está llegando directamente a las familias que
hoy más lo necesitan.

Claramente
que tampoco se llega a terminar de manera definitiva con los problemas,
pero también debemos reconocer que significan un gran apoyo en cada uno
de los hogares donde la emergencia sanitaria ha golpeado duro. Hoy más
que en muchas otras oportunidades el Estado se ha fortalecido para
acudir con decisión en ayuda de las familias.

Lejos
de cualquier egoísmo o mezquindad, de la naturaleza que sea, este es el
momento que la unidad y la colaboración deben estar por sobre cualquier
legítima diferencia. Porque como decía al principio, existe un valor
superior que debemos y tenemos la obligación de defender.

Las
condiciones de vida, el bienestar, desarrollo y futuro de niñas, niños y
adolescentes deben formar parte de la reflexión que podamos hacer en
medio de la emergencia.

Finalmente,
serán ellos los constructores de ese anhelado futuro que todos
imaginamos sea el resultado de una vida próspera que ellos puedan tener
hoy.

Nuestros
esfuerzos, nuestro trabajo, inclusivo y el de todos sin distinción,
deberán seguir apuntando a ese sueño de contar con una sociedad donde
niñas y niños puedan seguir soñando y sonriendo como merecen.

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