“Lo que no me mata, me hace más fuerte”.
Friedric Nietzsche (1844 – 1900) – El ocaso de los ídolos.
Seguramente,
más de alguna vez la vida nos ha presentado obstáculos, o situaciones
particularmente dolorosas; hoy nos pone a prueba una pandemia, que tiene
a la humanidad colapsada, haciendo muchas veces que dudemos de nuestra
propia resistencia, debilitando nuestra fuerza, para avanzar y vencer lo
que ha puesto al mundo de rodillas.
La
vida nos muestra dos caminos, dejamos que este virus nos convenza que
hemos fracasado, que nos dobló la mano o apostamos por el camino de la
resiliencia y le mostramos nuestra capacidad de afrontar la crisis y
salir fortalecidos/as de ella.
Si
tomamos este último camino, implica colocar todos nuestros recursos
personales en función de superar esta pesadilla, que aún no tiene fecha
de término, pero que la podemos sobrellevar de mejor manera,
reestructurando esta nueva forma de vivir, no es fácil, ¿quién dijo que
lo sería?, por esta misma razón, los/as invito a mirar desde la vereda
de enfrente, con otra óptica, como un momento difícil, para que nos
permita observarla vida de manera más positiva y saquemos fuerzas desde
nuestro mundo interior, sabemos que la resiliencia, no es inherente a
todos/as nosotros/as, pero si, cuando contamos con un modelo cercano a
seguir podemos desarrollarla, por tanto, conseguimos luchar contra una
serie de situaciones que nos impone la vida, como la que estamos
viviendo en estos momentos, por ello, más que nunca, debemos ser
conscientes de nuestras potencialidades por sobre nuestras limitaciones,
ya que el autoconocimiento es lo que finalmente nos permite tomar
diversas acciones de prevención no solo de nuestra salud física, sino
también emocional.
En
estas ultimas semanas, hemos sufrido perdidas irreparables de
camaradas, situación que nos ha roto el corazón, por la cercanía con
ellos y por los aportes al partido, cada uno desde su espacio y en su
forma, no es fácil transformar estas dolorosas noticias, en algo
positivo, más aún cuando involucra afecto, pero también sé que les
gustaría que sea asumido con un alto nivel de resiliencia, para no
desmotivarnos y no perder de vista nuestros objetivos en favor de las
personas.
Esta
crisis debemos asumirla como una oportunidad de generar cambios, para
aprender que los momentos ni las personas son eternas y que nuestro
futuro dependerá única y exclusivamente en la manera que abordemos esta
nueva forma de relacionarnos, con una fuente inagotable de optimismo,
sin aturdirnos, por cuotas de poder mezquinas, enviando un mensaje
erróneo de incertidumbre y preocupaciones innecesarias para las
personas, tratando de sacar provecho de cualquier circunstancia que les
permita alcanzar metas, aunque esto implique pasar por encima de la
gente que más lo necesita.
Solo
me resta pedirle a la clase política de la cual soy parte, que nos
centremos en las cosas importantes, en salvar vidas, entregar apoyo
social, resguardar la dignidad laboral, proteger alas personas mayores,
es decir, en palabras simples, lograr una red de apoyo sólida, de ello
depende que el pasar de nuestros compatriotas para que sea mejor y por
último los llamo a no seguir potenciando las tensiones y estrés de las
personas mediante mensajes equivocados y sin sustentos.
Tal
vez no podemos cambiar la realidad de lo que estamos viviendo, pero si
podemos modificar nuestras emociones y enfrentarla con perseverancia
diaria.