Revolución molecular

El
estallido revolucionario de octubre en Chile sorprendió a todos. Nadie
esperaba revueltas como las que vivimos, especialmente porque nuestros
indicadores económicos y sociales mejoraban constantemente y habíamos
logrado ubicarnos en una posición de liderazgo dentro de latino América.
Mas sorprendente aún es que el mismo fenómeno se haya manifestado
previamente en varios países europeos y latinoamericanos, todos con
realidades muy distintas, llegando últimamente incluso a Estados Unidos.

El
maestro de la psiquiatría chilena Otto Dörr, señala que estas muestras
de rabia y descontento en el mundo occidental tienen una base común, que
es más moral que económica. El núcleo ético-mítico sobre la que se
asienta nuestra civilización de raíz greco-romana-cristiana, se ha
estado erosionando en todas partes. Esto ha provocado una profunda
perdida de identidad, especialmente entre los jóvenes, que empiezan a
ser dominados por los medios de comunicación de masas y el consumo.
Contribuye además a este cuadro el pobre lenguaje que manejan los
jóvenes y otros no tan jóvenes en nuestro país, que les impide
interpretar bien su propio comportamiento y el de los demás. Dörr
identifica como factor agravante, que ostentemos el triste récord de
tener la tasa más alta del mundo en el consumo de marihuana entre
escolares y jóvenes. Este vicio no solo afecta las funciones cognitivas,
sino que daña también la capacidad de discernimiento ético.

La
violenta revolución que ha sido justificada, aplaudida y estimulada por
los partidos de izquierda, no tiene líderes visibles y demandas
explicitas, por lo que resulta imposible de enfrentar con las
herramientas políticas clásicas. Podemos sin embargo identificar
ideólogos cuyas obras apuntan a erosionar nuestro sistema de valores y
que son los autores intelectuales de la revolución molecular en curso,
como la llamó el psicoanalista francés Felix Guattari. Plantea Guattari
que para superar la supuesta “explotación” del capitalismo, no solo
sería necesario intervenir las maquinarias de poder del estado burgués y
sus burocracias, como propone la izquierda marxista clásica, sino que
además todos los poderes como el escolar, poder familiar, el poder
falocéntr
ico
de la pareja, e incluso el poder represivo del superyó sobre el
individuo. ¿Puede ese control alienante considerarse legítimo e
inherente a la condición social del hombre, o es posible superarlo?… se
pregunta Guattari.

Hayek
identificó como característico del orden civilizado ese inevitable
conflicto entre lo que nuestros instintos nos exigen y los esquemas
normativos que regulan la conducta humana. Pero esas normas son el
resultado de un largo proceso de ensayo y error que tomó muchas
generaciones y- nos sea evidente o no- hicieron posible nuestra
civilización. Y es precisamente esa gradual sustitución de las
respuestas innatas por las normas aprendidas lo que nos distingue de los
animales. Por lo tanto, el planteamiento de Guattari es un llamado a
destruir la civilización y hacernos regresar a las primeras etapas de
nuestra especie, retomando nuestra animalidad. Si no podemos controlar
la revolución molecular en curso, tendremos el mismo destino del Imperio
Romano y desapareceremos como civilización.

Entre
las medidas que identifica Dörr para defendernos está la intervención
del sistema educacional para desideologizarlo, reforzar los valores
tradicionales y restablecer el principio de autoridad. Las religiones,
defensoras por excelencia de la tradición, deberán también hacer su
parte. En el corto plazo, solo queda confiar que las más altas
autoridades den el ejemplo cumpliendo ellos mismos la legalidad y
haciendo respetar el estado de derecho. Para eso
se
requiere en estas circunstancias extremas, que el Presidente esté
dispuesto a arriesgar su destino individual por el bien de la nación.

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