Revolución y democracia

Cuando se cumple un año del mal llamado “estallido social” del 18 de octubre de 2019, vale la pena analizar descarnadamente, lo ocurrido así como lo que esta pasando en nuestro país. Revolución y pandemia, lo que todos saben pero callan.
Primero, dejar en claro que la espontaneidad de hechos de tamaña naturaleza en toda la historia humana no carecen de organización. La ha habido y la hay, sólo que tiene una forma distinta de la insurrección “tradicional” del siglo XX, con una organización jerarquizada. Segundo, ha sido “indetectable” a simple vista, y  no ha habido tampoco otra forma de verla y anticiparse a ella, ya que nuestro país carece de un sistema de inteligencia y análisis de seguridad. Ha habido pues, un cúmulo de formas de organizaciones “sociales”, mezclado con un plan perfectamente dirigido hacia objetivos perfectamente claros y preconcebidos, a través de la agitación y manipulación de masas a las cuales se les cambio, sin preguntarles tampoco, anhelos de mejor calidad de vida por un interés “jurídico” de una “nueva constitución”. Ahí están después de un año, sin siquiera mejores pensiones-acaso lo mas urgente-, y millones desempleados a partir de ese mes de octubre, destrucción de miles de fuentes de trabajo después incrementados por la pandemia.
Desde que el mundo es tal, el hombre tiene la tendencia a culpar a otros por sus errores, y esta no ha sido la excepción. Desde hace muchos años las encuestas y la realidad cotidiana muestran el deterioro de imagen de la “clase política”, enriquecida en 30 años de democracia, pero que ha sido incapaz de generar un país de buena calidad, Para eso se requiere una categoría cultural e intelectual por ella inalcanzables, si no cree interrogue a un diputado cuantos y cuales libros se ha leído en su vida, comenzando por los clásicos, averigüe cuantas empresas, obras de arte, teorías científicas, modelos matemáticos y arquitectónicos desarrolló y llevó a cabo  “antes” de dedicarse a vivir de la política, cuantos idiomas habla, en fin, todo cuanto evidencia su vida ha sido enriquecida y esta en condiciones de entregar y guiar a otros que en eso consisten los verdaderos liderazgos. Le sobrarían  dedos en las manos para contarlos.
Entonces esa clase política, cuando es evidente una parte de ella estaba detrás de los “orcos” que aterrorizan en las calles, en noviembre pasado se pone de acuerdo para desviar la atención ciudadana hacia el tema inalcanzable de la “nueva constitución”, llega a un convenio transversal entre “gobierno” (que desde octubre no gobierna) y “oposición” (que si gobierna desde el Congreso), para forzar a la ciudadanía a un “acuerdo constituyente” que manejan ellos en exclusiva y con al apoyo del resto de los poderes del Estado. Es decir, le han impuesto al país lo que “debe” pedir y dejarles a ellos concretar, y le mienten descarada, impúdicamente que a través de esa nueva constitución que mantienen oculta redactada, ellos mismos van a solucionar todos los males. Quien guía todo esto es la izquierda insurreccional, detrás se cuelgan los “idiotas útiles” (Lenin) de centroizquierda y también de derecha, que sueñan les dejaran algunas migajas en esa nueva mágica constitución, creyendo en su imaginación que esta revolución se esta haciendo para que gobierne la centroderecha, ¿Piñera 3 acaso?
   Gobierno y oposición unidos, patrocinados por la ONU y apoyados por la mayoría de los medios, faranduleros y cuantos tienen pantalla diaria, confían imponer el nuevo esquema que unos muy pocos han diseñado y ejecutan  antidemocráticamente, aprovechando la pandemia que impidió hacer campaña siquiera, vulnerando así derechos que no solo están en la Constitución que quieren terminar de enterrar, sino en convenciones internacionales de derechos humanos, que  no existen cuando no convienen. Confían con su poder en ganar en este plebiscito pero, ¿podrán hacerlo en el siguiente? ¿Realmente creen podrán los revolucionarios reemplazar Chile por “Shileth” en dos años más? La derecha cobarde, mediocre, gorda, representada por Piñera, esta siendo desplazada por un nuevo referente transversal patriota y libertario, ahí esta el verdadero Chile dispuesto a superar una vez más, este trance histórico. Revolución y democracia nunca pueden ir juntos.

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