Qué cosa esto de hablar sobre el sentido común, aquel razonamiento que nace de la experiencia, de la lógica, de lo observable incluso en la naturaleza, y que huye de lo absurdo, lo estrambótico y lo extraviado. Y si pensamos la política desde el sentido común, la tarea se hace más ardua, porque vemos a demasiados agentes políticos discutiendo temas y elaborando propuestas desde la otra orilla del pensamiento afincado en la práctica; más bien están alejadas del padecimiento diario de muchos compatriotas.
¿Hacer un plebiscito en pleno pico de la pandemia…? ¿Ayudar a la clase media con préstamos…? ¿Prohibir expresar una opinión respecto de una época de nuestra historia patria? ¿Tener que decir todos, todas y todes…? ¿Juzgar hechos pasados con los criterios del presente…? ¿Darle preeminencia al Estado para que eduquen a nuestros hijos, pasando por la autoridad de los padres…? ¿Encerrar a las personas sanas y no hacer suficiente seguimiento a las personas enfermas por covid19…? Usted lector podrá encontrar muchísimos casos más de sinsentidos, donde campea la vacuidad o a lo más, la levedad en el pensamiento.
Por otro lado, no faltará quienes con el ceño fruncido dirán en tono circunspecto y casi sobrado, que el sentido común es el menos común de los sentidos, cuando alguien dé una idea simple, pero efectiva; simple, pero que beneficia a la comunidad; simple, que a muchos les sorprenderá por su obviedad.
Como simple ciudadano uno se pregunta por qué debe hacerse un plebiscito que movilizará en un solo día y en pocas horas, a millones de personas; por qué no esperar un tiempo más propicio, cuando exista una razonable seguridad que estaremos a salvo del infame virus. Qué les impide o mejor dicho, qué les ciega el plantarse frente a la ciudadanía y decirles que dadas las condiciones sanitarias, se aplazará para un tiempo en que el temor a la enfermedad no sea un obstáculo para ir a sufragar. Cuesta entender la obsesión por realizar un acto electoral que al día de hoy no es esencial ni indispensable, y que puede perfectamente, sin afectar los compromisos pactados, aplazarse para cuando las condiciones sean las normales.
Políticos que se empequeñecen cuando le dan vuelta la espalda a una ciudadanía que sólo aspira a algo tan simple, tan obvio, como es ir a votar sin temor a contagiarse. Pero claro, sus intereses están primero por sobre cualquier otra consideración. Como ciudadanos debemos estar alerta y tener la claridad respecto de quiénes son los que repiten fuera de todo sentido común, que ir a votar es como ir al supermercado; que nos dicen que cada uno es libre de asistir a los locales de sufragio por nuestra cuenta y riesgo.
La política debe recuperar el razonamiento del ciudadano que día a día debe trabajar para medianamente comer; de aquel que desea participar y opinar, y que entendiendo el llamado a pronunciarse sobre la posibilidad de otra Constitución, desea hacerlo en tranquilidad, paz y sin temor a contraer un agresivo virus.
¿Cuándo buena parte de la clase política tomó un rumbo contrario a los intereses de los ciudadanos? ¿Cuándo ocurrió que los políticos comenzaron a enfrascarse en discusiones eternas, donde se debe vencer al otro, donde todo vale para derrotarlo, teniendo a los electores sólo para suministrarles votos y dinero?
El sentido común debe ser el primer insumo de las políticas públicas y el pan diario de nuestros representantes.