Septiembre, República y Democracia

El devenir de la humanidad es un continuo que no admite interrupciones, aunque cada generación que se ha ido manifestando en el tiempo cree tener su propia historia, sus propios objetivos, con logros y fracasos que quedan, idealizadamente, como ejemplos gratificantes para la posteridad. Los hechos que se consideran símbolos de cada época, quedan guardados en las páginas de las historias que escriben y narran personajes convencionales, bajo el supuesto de que están ofreciendo el detalle cronológico y además verdadero, de acontecimientos reales del pasado, con personajes y actitudes también reales. En el caso de las generaciones mayores actuales, es probable que muchos recordemos el trascendente legado dejado por nuestros padres y abuelos, relacionados indudablemente con una guerra mundial, una bomba atómica en Hiroshima, revoluciones populares, militarismo extensivo, la masiva irrupción del movimiento juvenil de reemplazo para las obsoletas ideas de ese momento, y sucesos más o menos significativos que, sumados, dieron forma, contenido y proyección a nuestras vidas y ahora forman parte de una memoria colectiva e individual, aunque líquida, moldeable y reinterpretable. Puestos en una balanza, el fiel seguramente se posará sobre un punto de equilibrio dado por las historias contadas verdaderas y falsas, restando las historias convenientemente calladas, que resaltarán un equilibrio entre lo bueno y lo malo de cada generación.
Septiembre marca el inicio de las celebraciones levantadas para homenajear y recordar los acontecimientos relevantes realizados por hombres y mujeres notables, instalados en nuestra historia que está escrita, y se sigue escribiendo, para identificarnos con la idea de una patria acogedora, fraterna, sin prejuicios, inclusiva, progresista, libertaria y democrática. De una patria que permite una realización plena de los sueños y anhelos de los/las integrantes de todas las generaciones que hemos llegado a convivir en este 2020 que, estamos ciertos, ya está inscrito en el septiembre de toda la humanidad. De una patria que no deja en el olvido sucesos ni actores que, a lo largo de la historia, no han estado al lado de los principios fundamentales de ordenamiento social y moral ligados a la formación y desarrollo de la República.
Las generaciones de la actualidad están enfrentadas a un ambiente con condiciones no previstas ni imaginables, de carácter global, y que desafía la capacidad que tenemos para hacer colectivas las respuestas ante los desafíos de la pandemia, la crisis social y la profunda sombra del cambio climático. Somos herederos y continuamos dejando instalada para las generaciones que vienen, la validez del individualismo, de los prejuicios, los intereses creados y la falsa autocrítica, poniendo así en juego los valores con los cuales se identifica, históricamente, la dignidad humana. Frente a ello, según lo expresa Sebastián Jans, Gran Maestro de la Gran Logia de Chile, el aporte de la masonería, es seguir enalteciendo un legado republicano y democrático, construido por personas que han asumido siempre la práctica y conducta de los altos valores de la fraternidad, la tolerancia, la filantropía, la libertad de conciencia, los derechos humanos, la rectitud, la prudencia, el diálogo, la paz y el respeto a la ley y el patriotismo.

Contenido relacionado

Envíanos tu denuncia o información AVISOS ECONÓMICOS