Durante
toda esta semana vimos largas discusiones en la cámara de Diputados y
Senado. Vecinas y vecinos pegados a los televisores y radios intentando
comprender qué es lo que está pasando con los recursos frescos que
necesitan, no para darse lujos (algunos, menos, podrán), sino más bien
para intentar llegar a final de mes o ponerse al día con diversas cuotas
o créditos.
La
esperanza iba creciendo, viendo la posibilidad de nuevamente salvarse
con sus propios recursos de ahorros forzosos para su vejez y que las AFP
se han enriquecido sin cuartel. Pero no, había que chocar con una pared
a la que le quedan muy pocos ladrillos y se sostiene solo por su
porfía, la que finalmente envío esta idea del Parlamento y también
popular al Tribunal Constitucional.
Al
Presidente, definitivamente, le falta calle. No conoce la realidad de
su país, no sabe de las necesidades de la llamada clase media y, por lo
que veo, puedo interpretar que sufre de una indolencia donde solo le
importan los beneficios propios y el de sus pares.
Como
alcalde, que vengo del municipalismo, con los pies en la calle y
recorriendo cada rincón de mi comuna, veo cómo esta pandemia ha azotado
la economía y el bienestar de mis vecinas y vecinos de Cabo de Hornos.
Veo con desesperación que los recursos no llegan y, ahora con apatía y
soberbia, que la primera autoridad del país rompe cualquier atisbo de
ilusión que se podía tener.
“Es
una mala política pública”, claro que sí, nadie podría poner en duda
que sería preferible tener otras alternativas, pero a más de un año ya
de la pandemia el Gobierno no ha puesto otra fórmula sobre la mesa.
Sigue una y otra vez focalizando las ayudas, haciendo que muchos que lo
necesitan no tengan posibilidad de acceder.
Acá
en Puerto Williams, desde nuestra administración municipal, decidimos
que las ayudas edilicias serían universales, para todos los que lo
requirieron. Preferimos pecar de entregarle a alguien que quizás no lo
necesitaba tanto, a dejar a un ciudadano desesperado mirando por la
ventana.
Señor
presidente Sebastián Piñera, como alcalde de la comuna y ciudad más
austral del mundo, con toda humildad, le pido que deje de insistir en
negarles la posibilidad a nuestras gentes de soportar un poco más todo
lo horroroso que ha sido esta pandemia. Ya los hombres y mujeres de la
clase media y trabajadora han debido endeudarse, salvarse como pueda, no
les ponga una lápida hoy.
Como
siempre, vecinas y vecinos, desde nuestro lugar haremos todo lo posible
para que nadie se sienta solo. Seguiremos protegiendo a quienes más lo
necesitan, porque ese fue, es y será nuestro compromiso. A seguir
adelante, todos juntos y codo a codo, Cabo de Hornos crece.