Sin Dios ni ley

A
fines del Siglo XIX, Emile Durkheim acuñaba el término anomia, como el
momento en el que los vínculos sociales se debilitan y la sociedad
pierde su fuerza para integrar y regular adecuadamente a los individuos.
A quién no le cabe duda que a más de un siglo de distancia, y a pesar
que nuestro país había logrado un nivel de prosperidad superior y
desconocido en toda su historia, estamos viviendo un periodo de anomia y
de incapacidad de juzgar con racionalidad situaciones del día a día
para decidir apropiadamente.

Las
señales son múltiples de falta de respeto alas normas establecidas. Son
las mismas que nos permiten progresar e incluso criticar. Sin  dichas
reglas, tampoco podríamos disentir para mejorarlas.

Los
que aún creemos en el respeto a las normas establecidas y enfrentamos
las circunstancias de tal manera de no caer en la emocionalidad
subjetiva e impositiva de criterios personales de lo que es justo, vemos
c
omo
adultos son detenidos por enésima vez infringiendo el toque de queda en
tiempos de pandemia y conduciendo bajo los efectos del alcohol. Lo
irrisorio, es que un juez lo sancione con arresto domiciliar nocturno,
cuando la mayoría de la población, que no ha cometido ninguna falta,
debe acatar la misma restricción. Asimismo, y a pesar de las medidas
sanitarias ampliamente difundidas, no son pocos los adultos que
organizan fiestas nocturnas creyendo estar sobre la legalidad vigente e
incluso por sobre las leyes de la naturaleza como seres de inmunidad
divina adquirida.

De
la misma forma, debe llamarnos la atención cuando parlamentarios como
Gabriel Boric, abogan por conmutar la prisión preventiva de detenidos
por violencia y vandalismo a partir de Octubre 2018,dejándolos con
arresto domiciliario al igual que el resto de la población confinada por
la pandemia. Como no mencionar a los insurgentes detenidos por
Carabineros que han sido sancionados por jueces con la “gravosa”
prohibición de acercarse nuevamente a una manifestación, lo que debe
generar más de una sonrisita en los delincuentes.

Es
muy preocupante cuando la Presidenta del Senado junto a otros pares,
esté dispuesta a pasar por encima de las leyes que ella misma juró o
prometió respetar por lo que a su juicio y motivaciones le parece justo,
indicándole a los chilenos que no están sometidos al derecho
establecido (de acucioso discernimiento y sensatez), si no que nos
encontramos a la merced de las reglas de lo que a ella u otro iluminado
les parezcan o convengan mejor.

Nuestra
convivencia nacional y patriótica están en peligro. Nuestra vida
democrática empieza a verse corroída por sectores que anteponen sus
intereses a toda la sociedad chilena. Hay quienes parecen no querer
reglas. No se trata de legítimos críticos del sistema, junto a los
cuales crecemos como ciudadanos fruto del dialogo. Más bien se trata de
sectores obsesionados por destruir lo que tanto ha costado construir. No
podemos volver a jugar con el
mayor de los enemigos de toda nación: la sedición, la guerra entre hermanos.

Me
cuesta imaginar que mensajes de odio y violencia de un sector
vociferante nos lleve por la senda del bienestar. Cuesta imaginar un
Chile mejor donde sus habitantes y líderes desoyen las normas que
regulan nuestra interacción. Son tiempos de unidad nacional y regional.
Invito a todos los magallánicos a pensar con patriotismo la forma de
salir adelante en el marco de nuestra democracia y legalidad vigente.

Contenido relacionado

Envíanos tu denuncia o información AVISOS ECONÓMICOS