El Presidente de la
República, Sebastián Piñera, señaló en su última cuenta pública que
enviará como proyecto de ley la habilitación del matrimonio igualitario.
Este anuncio es sorpresivo y según la prensa el Mandatario lo tuvo en
la más estricta reserva, de manera que el vocero de Gobierno, los
partidos y parlamentarios oficialistas, entre otros, no estaban
enterados de tal anuncio.
Una vez más el Presidente actúa de espalda a
los partidos que sustentan políticamente su gobierno, y lo que es peor,
de sus propios electores. Ya aconteció con la Constitución Política, que
impulso su cambio, cuando en su programa de gobierno no se contemplaba,
habiendo criticado incluso tal posibilidad.
Lastimosamente el
Presidente pareciera que ya perdió todo pudor y quiere llevar adelante
su propia agenda a despecho de la opinión de sus partidarios, de su
coalición de gobierno e incluso de su propio programa electoral. Estamos
frente a un Mandatario que hace gala de su evidente incapacidad de
liderar a sus partidarios, y entrados los últimos meses de su gobierno
pareciera que perdió toda conexión con lo que el ciudadano de a pie
necesita. Quizás lo peor esté por venir, si ello es posible, pues en la
soledad de su ejercicio presidencial y con el fin de dejar un “legado”
que rescate su segundo paso por La Moneda, estará tentado a gobernar a
placer, sin recato, con desprecio profundo de quienes algún día votaron e
hicieron campaña por él.
De todo este panorama se aprovecha, cómo no,
la izquierda de nuestro país. Ya el año pasado comenté que la oposición
estaba llevando a cabo una operación de desgaste de este Gobierno; que
no le interesaba asumir la conducción de país, pues querían y quieren
hundir a un Gobierno de derecha para que las generaciones futuras
recuerden por muchos años la desastrosa gestión de un Presidente de este
signo político. El Presidente, que no tiene el coraje ni la convicción
mínima para defender las ideas por las cuales las personas le dieron
mayoría, ha sido colaborador necesario de la estrategia de la izquierda.
El que un candidato marxista, ideología declarada genocida por la Unión
Europea y que en parte alguna del mundo ha funcionado, esté bien
posicionado en las encuentas presidenciales da cuenta del profundo daño
causado por este Gobierno. Que la alternativa para mucha gente sea un
candidato marxista revela el fracaso de la derecha chilena, siendo su
colofón el Gobierno del presidente Piñera.
Parece paradójico que las
ideas de la derecha que traen progreso, libertad, desarrollo a las
sociedades donde se aplican, en Chile sean miradas con recelo. En los
años ochenta y noventa, quienes propugnaban una sociedad libre entraron
en la arena política con un sentido de misión, con una conducta ética,
con un alto sentido de la responsabilidad política y soñando con sacar a
los más necesitados de su precaria condición socioeconómica. Lograron
muchos de sus objetivos, posicionando a Chile como un faro en
Latinoamérica, a donde muchos emigraron para tener una vida mejor que en
sus países de origen. Lamentablemente todo eso se fue perdiendo; las
convicciones, la responsabilidad, fueron abandonadas. Daba lo mismo el
candidato que se presentara por parte de los partidos políticos de
derecha, pues lo importante es que sacara votos.
El summum de esta
conducta es el actual Mandatario, que abandonando las ideas de la
derecha avanza sin contemplaciones con su propia agenda y que en el
paroxismo ya no se sabe de qué va. Queda mucho camino por delante.
Queda
dar por terminado este Gobierno y reconstruir lo mejor de la derecha
chilena, que es parte esencial de las personas de escasos recursos, que
orgullosas quieren salir de su condición económica por su propio
esfuerzo. Personas de buena voluntad, que no odian al que piensa
distinto, que aman su familia, que quieren vivir en paz y con seguridad
en sus casas, que quieren ver a sus hijos con una buena educación, con
acceso a la salud, sin importar si es pública o privada. Es claro que
este Gobierno es una piedra en el zapato para este proyecto, pero a
pesar de ello es posible.