En
este periodo tan crítico todos hemos visto y escuchado a diario
cifras que suben y cifras que bajan. Esto sin querer me ha hecho
evocar los campos de concertación, donde a los miembros de la especie
humana se les reducía a un número, con el fin de arrancarle todo
aquello que lo hacía ser personas o verdaderos seres humanos. De este
modo, resultaba muy sencillo catalogarlos como simples objetos y
seguidamente hacer con ellos lo que se quería.
Tal
vez este difícil episodio que nos ha tocado y nos toca vivir, ha sido
bien manejado desde un punto de vista biológico, pero: ¿Dónde o cuando
hemos visto considerado en estos días los factores psico-sociales?
Estos elementos para algunos es tal cual lo señalan los expertos en
lingüística, es decir, aquello que no se nombra no existe.
Como
en el análisis de la pandemia prácticamente se ha omitido el factor
humano. Aquellos que han liderado este proceso, para tratar de manejar
algunos comportamientos
como el hecho que las personas salgan a la calle en periodos de
cuarentena obligatoria, lastimosamente han llegado a ser tan burdo que
han fluctuado desde la súplica hasta las amenazas. No obstante, en todos
los estudios que existen sobre periodos de crisis y emergencias (como
el que vivimos) se sabe que dentro de sus fases, existe una etapa que
se llama negación. Lo que corresponde a una de las más básicas de las
defensas psíquicas que existe en el ser humano. El cual es un
mecanismo, de índole inconsciente, el que las personas emplean para
protegerse de las emociones o pensamientos que producen temor,
ansiedad, o sentimientos depresivos. Si tan solo hubiesen sabido que
este fenómeno existe, pudieron haberlo manejado mediante estrategias
comunicacionales y/o educacionales efectivas y sin mayor costo social.
La
gravedad de la crisis que atravesamos, está dejando en evidencia una
serie de problemáticas que se habían sido consideradas como inexistente
o como normales, como el hecho que hay personas que viven hacinadas o
que existen analfabetos digitales y lo que es peor el procedimiento que
ha existido hasta la fecha en el nombramiento de las autoridades de
turno. Donde lo que menos se toma en cuenta son sus habilidades,
competencias y mucho menos sus valores. Todos sabemos que la principal
características o cualidad ha sido (durante años) el ser obsecuente o
absolutamente manejables por quienes ostentan el poder y que no quieren
ni compartirlo y mucho menos perderlo.
En
democracia donde la fuente del poder está radicada en el pueblo, a
futuro antes de votar, especialmente después de esta traumática
experiencia, todos debemos preocuparnos por quienes lo hacemos. A
nuestro país y a esta Región le hacen muchísima falta líderes capaces,
verdaderamente sensibles a la problemática humana y esencialmente probos.