Sorpresas universitarias

Me
incomoda ver a reporteros que solo tienen una actitud receptiva frente 
a declaraciones de autoridades políticas, económicas y policiales.

Repiten lugares comunes de los partes de Carabineros que en algunos diarios los transcriben casi literalmente.

Promuevo el ánimo de investigación profunda, el sentido de independencia y el equilibrio ético.

Además vocablos sustantivos: asombro y sorpresa.

Repaso el paisaje de mis clases universitarias.

El ancla era el ejercicio del castellano culto formal desarrollado en Chile.

Las
compartía con los eximios profesores de castellano Iván Sandoval,
Manuel Antonio Contreras, Fernando Guardiola y María Elvira García.

Puse el énfasis periodístico.

A
mis alumnos les pedía que leyeran a grandes autores nacionales: Daniel
de la Vega, Joaquín Edwards Bello, Hernán Díaz Arrieta, Lenka Franulic,
Guillermo Blanco, Julio Martínez, Luis Sánchez Latorre Homero Bascuñán.

E internacionales: Oriana Fallaci, Rosa Montero, Gabriel García Márquez,Mario Vargas Llosa, Juan Luis Cebrián.

Andrés Sabella, escritor de Antofagasta, y su trinidad, reforzada porAzorín: Leer, escribir, corregir.

Me entusiasmaba con actividades lúdicas e histriónicas.

Así alenté a mis cursos.

Por ejemplo, se documentaron sobre el Palacio Cousiño para escribir una crónica que uniera datos duros y recreación.

 Me vestí con un elegantísimo traje negro, un bastón y un sombrero clásico.

Las chicas hurgaron en el clóset de sus abuelas para conseguir trajes antiguos.

Otras se trasladaron a las tiendas de ropa usada del barrio Bandera.

De este modo recorrimos el palacio. Sus anfitriones creían que éramos actores de una Escuela de Teatro y no de Periodismo.

El alumno Hugo Morales se disfrazó con una tenida similar a la de Bernardo O´Higgins.

Reitero que soy fanático de Pablo Neruda. Tengo todos sus libros y los disfruto de forma muy reiterada.

Más
aún: concurrí, varias veces en compañía de otros profesores, a lastres
casas del magnífico poeta Premio Nobel de Literatura en 1971.

Todos
los cursos gozaron especialmente en Isla Negra, sus mascarones de proa e
insólitas colecciones, como un caballo de porte natural, hecho de
cartón piedra. Los visitantes le pusieron tres colas.

Inolvidable
son los viajes a Mendoza, en bus arrendado especialmente. Todos debían
comprar, por lo menos, un libro. Yo regresaba con bolsos llenos porque
en Argentina no se cobra Iva.

Así
mismo nos trasladamos en varias ocasiones a Buenos Aires, donde compré
todos los discos y películas de Carlos Gardel, otro de mis ídolos.

Son algunas de las sorpresas universitarias.

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