Pareciera ser que para apreciar la verdad y la realidad a veces debemos necesariamente recurrir a la prensa internacional, que a través de sus representantes y corresponsales entregan una imagen más objetiva acerca de la realidad pandémica y socio política que vivimos. A veces trato de hacer la comparación entre medios nacionales y europeos que están a miles de kilómetros de distancia y objetivamente me quedo con los segundos, y no necesariamente por eso que algunos podrían calificar como aprecio excesivo por lo externo o extranjero o del mundo entre comillas desarrollado, simplemente creo que en nuestro país se ha perdido el aprecio por los acontecimientos o noticias no violentas y esperanzadoras. Morbosamente, sin soslayar los hechos de violencia, se ha logrado instalar puras imágenes de enfrentamientos entre policías y manifestantes.
Prueba de lo anterior, es el titular de un medio europeo. Santiago Chile, 11 de octubre de 2020. “CHILE PLEBISCITO. Miles de ciclistas se manifiestan para poner fin a Constitución de Pinochet”, enseguida la nota de prensa explica: Miles de ciclistas llegaron este domingo a Plaza Italia en el centro de Santiago para manifestarse a favor del cambio constitucional que se decidirá en Chile el próximo 25 de octubre a través de un plebiscito. La nota agrega, además – “La Policía, que tenía ocupado el espacio con carros y unidades a pie, decidió replegarse a zonas aledañas”. – Resaltando siempre lo pacífico de la manifestación, bautizándola como la “Revolución ciclista”, que paralelamente exigía derechos en la vía pública para evitar accidentes.
En nuestro país esta noticia paso desapercibida, silenciada u opacada por imágenes de violencia, que mostraban solamente enfrentamientos de pequeños grupos destructores de la infraestructura pública, pareciera ser que estos violentos obscenos logran su objetivo de llamar la atención y ocupar la totalidad de los espacios de los noticieros de la televisión, en una especie de pacto espontáneo con los medios para resaltar solo estos hechos.
Paralelamente, se nota una marea lenta de parte de algunos sectores políticos para rechazar siempre la violencia, la de los vándalos y la de los policías descontrolados y abusivos, cuyo actuar se aparta de los protocolos para mantener el orden público, que oficialmente debiesen transversalizar las intervenciones policiales, que llevan implícitas normas nacionales que los regulan y sobre todo estándares definidos en las 10 principales normas internacionales del sistema universal e interamericano, aplicables a la función de las policías.
Dependiendo de la vereda, la condena es más rápida para los primeros o los segundos. El cálculo político y la actitud condenatoria, funciona como un péndulo de acuerdo con las circunstancias, olvidándose que toda violencia es mala y criticable porque lo único que hace es generar más violencia. “La violencia genera violencia”, esto es así, aunque algunos hoy día cataloguen esta frase como simplista, burguesa e imprecisa, sigue siendo verdadera.
Tener a cargo el ejercicio de la fuerza y la custodia de las armas, para mantener el orden público es una tarea muy delicada, que requiere una convicción profunda de respeto a la dignidad humana y apego irrestricto a la legalidad y no sacramentalizar solamente el ejercicio de la fuerza bruta, o la tan apreciada falacia de la “mano dura”, que a muchos les gusta e impide un enfoque integral, que ubique la inseguridad en el contexto social y económico que atraviesa el país permitiendo un acercamiento efectivo al problema.
La superación de la violencia solo será posible en el marco de un gran pacto social entre el gobierno, la sociedad civil y las empresas socialmente responsables que permita enfrentar las causas estructurales de los delitos generando más oportunidades, más educación y sobre todo fortaleciendo la familia.