La
reciente votación del Senado que niega efecto retroactivo al límite de
reelección de parlamentarios y otros cargos, no es ni puede ser
sorpresa. Lo contrario habría sido lo sorprendente. Es la fiel
demostración de dos refranes populares: “Poner al gato a cuidar la
carnicería”, y “tapar el sol con un dedo”. Previamente los “honorables”
habían “aprobado” la rebaja a las dietas parlamentarias, pero… sin
rebajar. Dejándole a otro órgano del Estado fijarlas así como otros
altos sueldos, y con plazo para apelar. Es decir, quizás podría regir
para el próximo año, y podrían rebajarse en solo 10 mil pesos si así lo
estiman. Es que al momento de decidir sobre los intereses personales de
los miembros de la clase política, ahí no hay divisiones ideológicas,
solo intereses personales. Lo cierto es que nuestra mentirosa
“democracia” sigue desoyendo al “pueblo”: a nadie le interesa lo que
piensa el ciudadano de a pie, todo es mentira y apariencia. El acto de
dominio que los parlamentarios han ejercido, ya no importa traten de
cambiarlo, evidencia que estamos cada vez más lejos de ser un régimen de
libertades verdaderas, porque si las decisiones legislativas siguen
prisioneras de un grupo de iluminados, algunos ya con 30 años continuos,
es ilógico hablar de libertad para elegir. No debe extrañarnos solo un
país oligárquico deteriora cada periodo más sus relaciones políticas, es
así como en este siglo XXI comenzamos en 1999 con el aún candidato
Ricardo Lagos, cuyo primer acto de campaña fue viajar a Nueva York a
reunirse con George Soros, gurú de los ”progresistas”. En su gobierno
creó y promovió a Michelle Bachelet, quien lo sucedió. Le traspasó el
poder (aparente) a Sebastián Piñera; luego Piñera se lo devolvió a ella,
y ella otra vez se lo pasó a Piñera. ¿Alguien puede tragarse que esto
es una “democracia”? Entre 18 millones de chilenos no hay nadie más
“iluminado” para ser Presidente? Ello grafica lo que hoy somos, hubo
crecimiento económico, pero también creció el clientelismo, la
corrupción, el crimen, y la desconfianza y frustraciones entre los
chilenos. Pudo y debió ser mucho mejor. Pueden decir que hay elementos
nuevos en el Congreso. Secundones. Claro, algunos también se han muerto,
pero el núcleo de los dirigentes siguen en esencia siendo los mismos o
los continuadores de dinastías, con familias completas, padres e hijos,
otros que ya enteraron 30 años continuos, en fin, para que dar nombres
si todos los conocemos. En medio de tanto disparate ideológico existe
desde hace años, mucho antes de octubre pasado,
un malestar social con el sistema político y el oligarquismo que nos
oprime, con una clase privilegiada que además de ingresos enormes
superiores a cuanto pudieran obtener en el área privada, disfrutan
privilegios como la inmunidad jurisdiccional. Esa clase política,
encabezada por el actual Presidente, ”convenció” al país que todos los
males se resolverían cambiando la Constitución. Comenzando las protestas
por reivindicaciones sociales de las masas, han transcurrido varios
meses, ni una sola demanda social ha sido satisfecha, sigue pendiente el
“proceso constituyente” pese a la pandemia sanitaria y económica y
parecen decididos a hacerlo aunque deban salir los votantes conectados a
un respirador ya que así cumplen los políticos los compromisos entre
ellos mismos. $32.000 millones cuesta ese plebiscito, mientras el país
esta en el “raspado de la olla” de recursos propios para enfrentar la
pandemia y la recuperación económica después, pero los políticos engañan
al país de nuevo. La cultura de la izquierda es que debe vivirse del
Estado, el empleo público lo es todo. Pero la derecha política se
contaminó de lo mismo, por eso fueron votos de derecha también los que
se opusieron a jubilar a varios el próximo año.
Es así que un partido llamado Renovación Nacional no la practica, y
otro -UDI- fundado por Jaime Guzmán para crear una nueva generación de
servidores públicos, solo muestra a los mismos de hace 30 años.