¿Te vacunarías?

Vacunarse o no es quizás la pregunta frecuente en las últimas semanas. En Chile, y en general en todos los países, la cantidad de personas dispuestas a ser vacunadas es inferior al 50%. Si bien la posibilidad de tener vacunas efectivas es asimilada como el principio del fin de la pandemia, para muchos el desarrollo acelerado de la vacuna, en menos de un año, ha generado una gran desconfianza. Una mezcla de desinformación, negacionismo, prejuicio, teorías conspirativas y temor son parte de las razones más comunes de la desconfianza. Frente a ello el Gobierno tiene el deber de comunicar de forma masiva y efectiva toda la información asociada a las vacunas que serán aplicadas en Chile.
La desconfianza asociada al tiempo de desarrollo de las vacunas tiene justificación, pero no sustento. Estamos frente a un hito histórico de la ciencia y la medicina: nunca se había desarrollado una vacuna efectiva en forma tan rápida. Sin embargo, una serie de condiciones favorecen esta posibilidad: los avances tecnológicos del último siglo (en equipamiento y técnicas), el conocimiento adquirido en control de otras epidemias recientes (entre ellas SARS-CoV y el MERS-CoV), la adecuación de los protocolos que permitieron procesos paralelos con resultados intermedios (todos manteniendo rigurosidad y control), el interés del sector privado que permitió su desarrollo y producción (la investigación básica se hace con fondos públicos pero los ensayos clínicos se hacen con fondos privados), la permanencia de la enfermedad (mantiene la necesidad) y la masividad de voluntarios en las fases clínicas (una piedra de tope en otros estudios).
La desconfianza asociada a lo más técnico se debe a que algunos métodos utilizados son innovadores. El uso de ADN, trozos de ARN o de ARN mensajero del virus son métodos no utilizados previamente y han despertado dudas por desconocimiento. La posibilidad de incorporación del material genético inoculado a nuestro organismo o mutaciones al estilo de la película SOY LEYENDA son parte de las ideas que circulan. En términos biológicos nada de ello es posible. Los trozos de material genético inoculados traen un código de autodestrucción y los virus de las vacunas están modificados para no producir efectos negativos en nuestro organismo. Por lo demás el principio es activar nuestro sistema inmunológico para eliminar lo inoculado.
La desconfianza en torno al origen chino de las vacunas también es parte del problema. Se ha instalado la idea comercial que lo proveniente de China es malo. La vacuna china que pronto se aplicará en Chile no debería despertar dudas sobre su eficacia y seguridad. El laboratorio chino Sinovac Biotech es uno de mejores y más prestigiados centros de biotecnología a nivel mundial. En su fase clínica fue probada en Chile con la colaboración de la Universidad Católica. La vacuna de Sinovac trabaja con el SARS-COV2 atenuado que es la técnica más usada y eficaz contra enfermedades producidas por virus. Es fácil de transportar y conservar lo cual permite llegar con facilidad a todo el territorio. Pero por sobre todo ha logrado alta eficiencia y escasos efectos secundarios (propios de toda vacuna).
Es urgente abordar la desconfiada de la ciudadanía con información, educación y conocimiento, con anterioridad al proceso masivo de vacunación que se inicia a fines de enero. Hay que entregarles confianza a las personas. La vacunación es nuestra única posibilidad por ahora de ganarle a la pandemia y recuperar parte de nuestras vidas.

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