Terror al plebiscito

Comenzamos a enfrascarnos en la competencia comunicacional entre “Apruebo” y “Rechazo” y para esta última opción será una prueba de fuerza para tratar de conquistar a la casi inexistente ciudadanía dudosa. Discursos rimbombantes e imágenes del terror como las de la muerte a caballo volverán a aparecer una y otra vez. Se hablará sobre el país que nos va a quedar luego de la irrupción de “esa opción fanática e irresponsable”, tildando peyorativamente de zurdo a todo aquel que quiera tocar, de alguna manera, a lo que consideran como la biblia y a su profeta redactor.
Ya no es una posición de inteligencia y empatía respecto de algo que la gran mayoría de los chilenos aspira pues salvo argumentos de estabilidad y afirmar su condición de derechismo a ultranza, no hay razones para mantener su intocabilidad. El asunto pasa por no ceder, no aparecer perdiendo ante un enorme conglomerado al cual se le imputa incapacidad. Es mantenerse en sus pequeños castillos feudales mientras en los campos bulle el grito de cambio.   
El radicalismo con el cual justifican sus posiciones resulta tan gravoso como la de los talibanes que son capaces de destruir a todos mientras no toquen su decadente mundo interno. Como ellos, parece no importarles que el pueblo padezca mientras avancen con su fundamentalismo destructivo. Un trincherismo que no es irracional, pues está pensado en el mantenimiento del sistema de privilegios que su sector ha ganado gracias a la C-80 y que, ante una contundente derrota, les augura un desaparecimiento del mapa político.
El aprovechamiento y oportunismo de los que aparecen liderando el sector será cada vez más asquiento y nos pondrán material de mucha risa y de profunda rabia, mientras piensan en la ciudadanía como una masa tonta e irreflexiva. Pretenderán de manera simpática y ocurrente levantar banderas que les mostrará como lo que realmente son y, no faltará aquel que se llegue a poner un casco y escudo de la primera línea.
Es tanto el terror a lo que se viene que no se trepidará usar todo lo posible para postergarlo o reducir sus efectos porque, como la lluvia, el proceso no se podrá evitar realizar. No importa cuantos voten, las encuestas ya la han sellado.
La desesperación les ha llevado a levantar proyectos de leyes innecesarias (reducción de parlamentarios); aluden a los cambios que se han realizado ya (barnices de poca calidad); cuestionan la legitimidad en caso de que sean pocos los que vayan a votar, olvidándose del millón y medio reunidos en la Plaza de la Dignidad; han potenciado el tema de la Araucanía a niveles dudosamente críticos y se ha comenzado a levantar una nube turbia sobre la población por la administración de la pandemia, quizás para declarar zonas de cuarentena e impedir que la gente pueda ir a sufragar (ya han confirmado que los positivos no podrán). ¿Cuarentenarán a Las Condes y sus comunas vecinas?
Entiendan de una vez que este es un proceso normal, natural en toda sociedad y dejen de zurdear o chavismear a quien piensa distinto. Sigan así y se quedarán solos y aprenderán a vivir como lo que son: una minoría. A pesar de todo y de que los inevitables cambios se produzcan, se les respetará y no será necesario que se vayan a un exilio, porque no hay un mejor lugar para vivir que la Patria.

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