Estamos
en plena Semana Santa, que para el mundo de los que creemos implica
nada menos y nada más que la Muerte, la Pasión y la Resurrección del
Hijo de Dios; y aquello tratamos de vivirlo en consonancia con lo que
implica. Antiguamente fuimos educados para que aquellos días, en
especial el Viernes Santo, fueran días de estrecho recogimiento y de
estricto respeto por la Muerte en la Cruz del que había venido a
salvarnos. Nuestros silencios expresaban el compromiso que habíamos
aprendido para recordar aquel día.
Los
tiempos han venido cambiando y, por diferentes motivos, entre los
cuales evidentemente se encuentran la propia Iglesia Católica y su
jerarquía, hoy ha sido transformado en un día casi de fiesta y sobre el
cual la gran mayoría casi ni recuerda, lamentablemente, el verdadero
significado místico de la Semana Santa.
Esta
es mi columna sabatina, gentilmente ofrecida por diario El Pingüino,
para que exprese opiniones en diversos ámbitos que crea conocer, manejar
o que me generen inquietud al respecto.
Tratando
de ser un poco fiel al sentido de la Semana Santa evitaré hablar, en
este caso escribir, sobre diferentes temas que me hubiese gustado
señalar opinión.
No me referiré a la vergonzosa actuación
del rector Oyarzo, de la Universidad de Magallanes, expresando apoyo
político a un precandidato presidencial, que quita la careta de una
práctica habitual en las universidades, especialmente las públicas.
No
me referiré a dicho precandidato presidencial que, sin experiencia
alguna más allá del adoctrinamiento político obtenido en la universidad
(y que es probablemente la causa de que no termine la carrera que
siguió), tiene “las patas” de querer ser candidato a Presidente de la
República.
No
me referiré al pánico escénico que comienza a afectar al ministro de
Salud por la realidad que está viviendo el país, que es la misma que
vivíamos nosotros en agosto del 2020 y, en vez de ofrecer ayuda, atacó
arteramente a nuestras autoridades de la época.
Tampoco
me referiré al espectáculo de la clase política que por diversas
razones (todas ellas para asegurar cuotas de poder) pospone las
elecciones del 11 de abril, pero sí las mantuvo en octubre pasado cuando
nosotros estábamos en la cresta de la segunda ola.
Menos podría
escribir en detalles sobre los reiterados malos pasos que sigue dando
el Gobierno del presidente Piñera, bailando con la música de la
izquierda política, que a sabiendas nos dejará nuevamente como país del
tercer Mundo (ya nos endeudó en 35% del PIB).
No
podría escribir en este día sobre la dramática vivencia de un
periodista y las lamentables lesiones de un camarógrafo, provocadas en
la zona donde todos hemos señalado que existe violencia terrorista, pero
son ellos mismos, los periodistas, los que en su mayoría la han negado.
Por
supuesto no podré escribir sobre la grave violación de sus DDHH que
sufren actualmente muchos carabineros de Chile, verdaderos prisioneros
políticos de fiscales que amañan eternamente la prisión preventiva, lo
que va en contra justamente de la esencia que motivó la Reforma Procesal
Penal en nuestro país.
Sí
haré un recuerdo para lo que vivimos en nuestra Región de Magallanes, y
en especial en el Hospital Clínico de Magallanes, durante la Semana
Santa pasada, la del año 2020, cuando la presión asistencial se nos hizo
casi insostenible en la primera ola de la pandemia, tanto, que hasta el
en ese entonces presidente
del Colmed se salió de madre en RRSS. Pero lo superamos, salimos
adelante y fuimos ejemplo como lo dijo el en ese entonces ministro
Mañalich cuando nos visitó. Un reconocimiento hoy, con mucho respeto, a
quienes llevan más de un año tratando de salvar vidas.
Y un respetuoso recuerdo a quien, por nosotros, dio Su Vida en la Cruz.