El proceso constituyente vivió, hasta ahora, su hito más importante el 25 de octubre. Ahí, millones de chilenas y chilenos, se volcaron a las urnas con un mensaje claro: “Las cosas no pueden seguir como están”.
La alta votación del “apruebo” y la “convención constitucional” traen consigo dos variables relevantes: una esperanza que atraviesa todo el territorio nacional, y también, una alta expectativa respecto del las conclusiones que deban emigrar del órgano constituyente, y que posteriormente deberán ser nuevamente ratificadas en un plebiscito, que para ese entonces, será con voto obligatorio.
A partir de lo anterior, surgen inquietudes: ¿Cómo cumplir con la alta expectativa que hay en el órgano constituyente? Y lo más importante, ¿Cómo hacer de este proceso, el más participativo de la historia?. Respecto de la primera, será fundamental el “control ciudadano” que exista respecto del órgano, y que las y los constituyentes tengan un desempeño acorde a las transformaciones, que todo indica, quieren la gran mayoría de las y los chilenos.
Y respecto de lo segundo, acá puede que se juegue toda la legitimidad del proceso constituyente; es decir, las y los constituyentes no pueden irse a la montaña y volver con las conclusiones de lo que será la nueva constitución. El proceso debe ser participativo, hay que empujar para que funcione descentralizadamente, que pueda recorrer el país, que escuche federaciones de estudiantes, sindicatos, académicos, colegios de profesionales, pobladores, organizaciones de base, etc.
Clave será la constante escucha, la transmisión de las sesiones, la transparencia de las votaciones, y el hacer terreno permanentemente en cada distrito del país, con las conclusiones a las que se va llegando semana a semana en el órgano constituyente; habrá que habilitar espacios virtuales de participación, de levantamiento de ideas, y dar garantías de que este proceso surgirá y representará con el mayor realismo posible, el sentir de todas y todos los chilenos.
La legitimidad del proceso está en su transparencia, participación y horizontalidad. Acá se constituye también, una enorme oportunidad para que la política recupere eso que parece haber perdido: terreno, escucha y horitonzalidad. El proceso es de todas y todos, nadie puede quedar fuera, la opinión de cada uno será fundamental para que la nueva casa que construyamos, sea efectivamente, esa tan ansiada Casa Común.
Es decir, TODOS/AS debemos ser constituyentes.