Transformación

 A
raíz de un curso abierto de la Universidad de Chile, hace unos días
leía sobre transformación como un “nuevo” concepto asociado al cambio
climático. El Panel Intergubernamental del Cambio Climático (IPCC)
define transformación como: “cambios sistémicos que permiten avances más
ambiciosos en mitigación y adaptación”. Se trata de cambios
significativos y rápidos que, al mismo tiempo, van en línea con los
objetivos del desarrollo sostenible (Moser et al.,2019). Ya en el año
2014, el IPCC en su informe “Cambio Climático 2014: Impactos, Adaptación
y Vulnerabilidad. Resumen para responsables de política ”manifestaba
con un nivel de confianza alto que “las transformaciones en las
decisiones y medidas de orden económico, social, tecnológico y político
pueden posibilitar las trayectorias resilientes al clima”.

En
este punto es bueno preguntarse entonces qué se requiere. Moser et al.
(2019) señala que el cambio transformador necesita: 1) planificar y
actuar en los desafíos a corto plazo, al mismo tiempo que se toman
medidas de preparación para cambios profundos en el largo plazo; 2)
cambiar mentalidades inhibidoras (un adjetivo fuerte de leer ¿verdad?);
3) cambios tecnológicos y políticos, acompañados de cambios sustantivos
en la economía, sociedad y comportamiento. En la misma publicación, se
indica que las palancas o impulsores de los cambios son los valores y
cosmovisiones que guían la transformación.

Si
me consultan qué es lo que me llama la atención o atrae de este
concepto de transformación, como para dedicar una columna sobre esto en
tiempos de pandemia, es ese sentimiento de esperanza que nos deja. Si
aplicáramos los conceptos a la persona para hacer el símil, y por
ejemplo habláramos de mitigación o adaptación a nivel personal, veríamos
que estos conceptos no nos llegan a parecer tan poderosos como lo es
cuando hablamos de transformación personal. Éste último, evoca el
desafío, la (co) responsabilidad y el sentido de agencia que se
necesita. Con esta dimensión personal no me refiero a lo meramente
individual. Tomaré prestada parte de una entrevista reciente al
sacerdote Fernando

Montes donde reflexiona sobre como de un tiempo a esta parte, hemos
confundido al individuo con la persona, y recuerda que desde el punto de
vista cristiano, la persona es un ser cuya existencia misma es vivir,
relacionarnos y amar a los demás. No es malo darle una vuelta y
reflexionar en torno a eso independiente de lo que creamos.

En
estos días de cuarentena, mucho se ha hablado que luego de terminado
este periodo de emergencia mucho de nuestro comportamiento y hábitos
podrían cambiar a consecuencia de la pandemia. Ya lo hemos visto con el
hecho de tener que abstenerno
s
de saludar con besos y abrazos, y hoy leí que investigadores alemanes
proponían el uso de mascarillas como nueva norma social; todos ellos
cambios drásticos a los que deberemos responder como personas, grupos
humanos y Estados.

 Puede que sea
mucho estrés ahora con todo lo que estamos viviendo cada uno en esta
cuarentena día a día, pero es necesario que en conjunto comencemos a
pensar en que es importante transformar ante la emergencia climática que
tenemos. Quizás sea bueno, en este tiempo de encie
rro (o de seguridad en el hogar más bien), partir por ver qué necesitamos transformar nosotros mismo como personas. 

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