¿Tú también, Brutus?

Entre
los tantos puñales que acaban con la vida de Julio César, está Brutus,
un dilecto, casi hijo para el malogrado gobernante. El representante de
la Roma clásica cae producto de la felonía, de la traición, de los
intereses mezquinos y, en la sede misma de la democracia romana, corre
sangre como mancha indeleble de la peor conspiración. La historia se
repite y el genio de Shakespeare nos recuerda que, de donde menos se
espera, cae el puñal asesino… No puedo pensar en perversidad mayor de
quien atenta contra sus principios, de quienes -acostumbrados de tanto
insistir y repetir-, justifican sus atrocidades, sus miserias
disfrazadas de razonamientos. Reviso nuestra tantas veces nefasta
historia y las seguidillas de agresiones contra su gente y no puedo
dejar de pensar en los Brutus y sus puñales dispuestos a sacrificar
cobardemente a los indefensos. Y, como César incrédulo, presencio la
maldad desatada en mi Patria por parte de un gobierno que (ciego de
soberbia y poder), vulnera todos sus discursos, transgrede todos los
principios deseables para una democracia y atenta contra la convivencia y
la seguridad de la ciudadanía, de la mayoría y, como siempre en la
historia, de los más vulnerables, de los más desposeídos… Recuerdo a
Piñera hablando contra Maduro: “cómo puede tener tanta sed y ambición de
poder que está dispuesto a seguir causando tanto dolor y sufrimiento a
su propio pueblo con tal de aferrarse al poder”, y sí, lo dijo en mayo
del año pasado… Hoy me resultan escalofriantes estas declaraciones
porque precisamente está haciendo eso, actuar como un tirano, ávido de
poder, preso de sus convulsiones, de sus patés de jabalí y caviar de
salmón… Dentro de su megalomanía (ya preocupantemente clínica a estas
alturas), hemos asistido (algunos aplaudiendo y justificando la
perversión), al desmoronamiento de nuestros principios básicos:
igualdad, protección, lealtad, justicia… Nos apuñalan a diario y
mientras los cómplices -culpables tanto como el que levanta la daga-,
ven cómo crece el desamparo, optan por el silencio, se callan,
demostrando, como antes, como siempre, que los crímenes están llenos de
justificaciones… ¿Qué dirá la historia de este verdadero genocidio
social, qué dictará tu conciencia, tu tan declarada religiosidad, tu
supuesta cuna de clase media que supo surgir por esa también supuesta
honorabilidad?… Como en el antiguo senado romano, son muchos los
cómplices, son varios los que -sobrepasados por la conspiración-, no han
sopesado el daño enorme que se le está haciendo al país y allí están
los colaboradores manifiestos y los que no son capaces de sumir un rol
de oposición activo. No se trata de izquierdas o derechas (pensamiento
tan precario y característicos de la ignorancia que nos consume y que ha
provocado tantos estragos), se trata de decencia, de decoro, de pudor,
de respeto, se trata, en definitiva, de empatía, de intentar ponerse en
el lugar del otro, pero vemos cómo el fanatismo político (que a estas
alturas ya colinda con el fascismo), no es capaz de la autocrítica y
siguen castigando a quienes se preguntan qué mal han hecho… Nuestra
Patria -como César trágico-, sangra, agoniza, cae apuñalado ante la
mirada complaciente de quienes se supone están allí para velar por la
ciudadanía y pocos, muy pocos, alzan la voz o detienen el puñal… “Los
crímenes más horrendos, están llenos de justificaciones”. Cuídense,
cuidémonos. Para todos, como siempre, un abrazo.

P.D.: menos para el Bruto mayor y los Brutos menores que sin asco criminalizan al pueblo.

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