Turismo 2022: pensando el retorno

El
mundo enfrenta una emergencia global de salud, social y económica sin
precedentes con el COVID-19. Habíamos tenido pandemias brutales en el
pasado, pero jamás una de carácter sistémico, que detuviera la actividad
económica mundial y restringiera la movilidad de las personas al punto
de obligarlas al confinamiento. El sector de viajes y turismo, junto al
gastronómico, es por lejos el más afectado, con aviones en tierra,
hoteles, restoranes y cafés cerrados, y restricciones de viaje en
prácticamente todos lados. En breve, el mundo se detuvo para el turismo.
La pandemia ha reducido las llegadas de turistas internacionales en el
primer trimestre de 2020 a una fracción de lo que eran hace un año, con
las consecuentes pérdidas millonarias en ingresos y empleos, y el
quiebre de empresas grandes y pequeñas. Escenarios elaborados por la
Organización Mundial de Turismo, prevén caídas del 58% al 78% en las
llegadas internacionales durante este año, dependiendo de la velocidad
de la contención y la duración de las restricciones de viaje y el cierre
de las fronteras, aunque las perspectivas siguen siendo muy inciertas.

Los
efectos para el turismo en Magallanes, que según cifras oficiales
representa un 10% de la economía regional, han sido igualmente
devastadores y las perspectivas de recuperación no menos inciertas,
siendo lo más realista pensar en un regreso para la temporada 2021/22. Y
aunque la oferta s
e
reabra, con todos los resguardos necesarios, tampoco sabemos cómo
reaccionará la demanda en un contexto de recesión económica global y
cuándo se recuperará la confianza del consumidor. Por de pronto, todas
las medidas de apoyo económico que protejan la estabilidad de los
empleos y la viabilidad a corto plazo de las empresas deben ser
promovidas y aceleradas. Debemos evitar la pérdida de negocios,
capacidades y competencias locales que tomaron años en desarrollarse.

Lo
que sí sabemos de esta crisis, aunque dolorosa, es que no durará para
siempre. La naturaleza social del ser humano y su incontenible espíritu
de aventura y de descubrimiento de nuevos lugares y culturas se
impondrá. Pero más que limitarse a una espera pasiva, esta pausa en la
industria de viajes y turismo puede convertirse en una fructífera
oportunidad para avanzar en tareas pendientes, como planes de manejo,
mejorar infraestructura, desarrollar estadísticas sectoriales o impulsar
las plataformas digitales. También es un momento óptimo para la
reflexión prospectiva y repensar en el turismo sostenible como eje
estratégico del desarrollo regional, potenciando la visión de la Ruta de
los Parques de la Patagonia, donde el turismo es consecuencia de la
conservación.

Cualquier transición requerirá la revisión
y el rediseño de estrategias, así como cambios institucionales,
esfuerzos que necesitarán una gran cantidad de creatividad, innovación y
adaptabilidad, en miras a un retorno inteligente para un mundo
post-Covid19.

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