El 31 de diciembre de 2019, la OMS reportó el primer caso de Coronavirus, originado en China. A esa fecha la llegada anual de turistas internacionales (visitantes que pernoctan) en el mundo alcanzó 1.500 millones de personas, un 4% más que el año anterior. Hasta ese momento, nadie imaginó que tres meses después el virus estaría en gran parte del planeta, con la mitad del mundo en cuarentena y generando una de las mayores crisis sanitarias y económicas de los últimos 100 años.
Para poner esta cifra en perspectiva, América Latina y el Caribe, toda esa zona que va desde México al Cabo de Hornos, representa el 8% de esos viajes. Solo México captura un tercio de los turistas de la región, cifra que lo ubica entre los 10 países con mayor turismo receptivo del mundo. ¿Dónde está posicionado Chile en este contexto? Con aproximadamente 4,5 millones de turistas en 2019, Chile representa menos del 0,4% del turismo receptivo mundial.
Sin duda un menor volumen de turistas significa menor actividad e ingreso de divisas, aquello también nos obliga a reflexionar y gestionar el tipo de destino que queremos ser: uno masivo, impersonal y depredador de ambientes y comunidades, o uno a escala humana, genuino y sustentable en el tiempo. Producto de no resolver esta disyuntiva, han sido recurrentes en los últimos años las protestas de residentes en Venecia, Barcelona y otros destinos de Europa, abrumados por las aglomeraciones de turistas, en un fenómeno denominado “Sobre-Turismo”, esto es, cuando la actividad supera umbrales sostenibles, deteriorando el medioambiente, la infraestructura, el patrimonio y los activos turísticos, la experiencia de los visitantes se degrada, impactando negativamente la vida diaria de los locales. Fenómeno similar, que ya venimos experimentado en Torres del Paine, y que debe ser abordado.
Claramente lo nuestro no va por el turismo masivo. Así lo demuestra la serie de reconocimientos internacionales que ha recibido Chile como destino de Turismo Aventura y Ecoturismo, que depende de la provisión y manejo sostenible de nuestros recursos naturales y culturales. Y muy importante, los estudios señalan que en la mayoría de los paquetes de turismo masivo, menos del 20% queda en la economía local, mientras que los paquetes de turismo aventura dejan más del 60% en el destino.
Hoy día los nuevos viajeros buscan un turismo de vida sana, caminatas y deporte; autenticidad y transformación, vivir temporalmente como locales; quieren viajar “para mostrar” momentos, experiencias y destinos; y poseen una conciencia creciente sobre la sostenibilidad de la actividad. La Ruta de los Parques de la Patagonia, a partir de la puesta en valor de nuestro excepcional patrimonio de conservación, es un activo para el desarrollo de este turismo con sentido.
Pero para desplegar estas oportunidades, y estar preparados para el retorno post pandemia, se requiere identificar nuestras fortalezas y debilidades estructurales, institucionales y de mercado, superar la brecha digital, tomar conciencia, diversificar y poner en valor nuestros atributos naturales y culturales distintivos, formar el capital humano necesario y una cultura turística transversal en la comunidad, desatar las fuerzas de la innovación y el emprendimiento, y promover la creatividad, profundidad y calidad en los contenidos de las ofertas de productos y servicios turísticos.